Paz Ucrania


Rusia, agobiada por la crisis económica interna, espera con moderado optimismo la llegada este viernes de la canciller alemana, Angela Merkel, y del presidente francés, François Hollande.


Los dos mandatarios plantean un plan de paz que, de ser ciertas las filtraciones que se han producido, se basaría en los acuerdos de Minsk, que establecieron el alto el fuego el pasado septiembre, pero incluiría tanto el despliegue de cascos azules como el reconocimiento de la actual línea de contacto que separa el territorio dominado ahora por los prorrusos del resto de Ucrania.


El Kremlin, interesado en que las sanciones no se amplíen y en que, de ser posible, sean levantadas para tener un respiro económico, está dispuesto a influir en los separatistas para que estos se avengan a detener la ofensiva contra las tropas ucranias.


Pero a cambio, Moscú quiere el reconocimiento por parte de Kiev de la línea de contacto real que se ha producido después de que los rebeldes lograran conquistar territorio que al momento de la firma de los acuerdos de Minsk estaba controlado por el Gobierno de Kiev.


Pero la tarea de la diplomacia internacional no es fácil: el presidente ucranio, Petró Poroshenko, reafirmó recientemente ser contrario al despliegue de soldados de la ONU, ya que, en su opinión, esta medida internacionalizaría el conflicto y lo alargaría, congelándolo prácticamente.


Y también es reacio a reconocer los territorios que actualmente controlan los rebeldes. Todavía no ha trascendido hasta qué punto Merkel y Hollande lograron convencer a Poroshenko de que es necesario llegar a un compromiso.


Rusia no tendría aparentemente nada en contra del despliegue de cascos azules para separar a las partes, pero no está claro que acepte que fuerzas internacionales patrullen la frontera que la separa de las regiones rebeldes. Además, en el caso de que Poroshenko acepte el compromiso propuesto, el presidente ruso, Vladímir Putin, deberá convencer a los separatistas de que detengan su ofensiva, lo que significa renunciar a concluir con éxito su ataque en la zona de Debáltsevo, donde tienen prácticamente cercados a miles de soldados ucranios.


Que Moscú no controla completamente a los separatistas lo han demostrado los últimos acontecimientos: paralelamente a los llamamientos, a fines de enero, del ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, de reanudar las conversaciones de paz y de atenerse a los acuerdos de Minsk, los dirigentes de Donetsk y Lugansk declaraban que no reconocían la línea de contacto trazada en la capital de Bielorrusa y ponían condiciones para regresar a la mesa de negociaciones.


Los rebeldes consideran que los anteriores acuerdos de alto el fuego han sido aprovechados por Kiev para reagrupar a sus fuerzas y preparar nuevos ataques. Sin embargo, la interposición de fuerzas de la ONU podría ser una garantía de que los bombardeos de la artillería contra las ciudades, especialmente contra Donetsk, cesarían. De momento, como lo muestran las últimas declaraciones de dirigentes separatistas, la desconfianza continúa primando.


“Ucrania aceptó de palabra muchas cosas en las negociaciones pero continuaba bombardeando nuestras localidades, cada día seguían pereciendo civiles. Desde el 19 de septiembre pasado decenas de casas han sido destruidas y miles de personas han muerto (…). Cada vez hay menos posibilidades de llegar a un entendimiento.


Nuestras repúblicas [las autoproclamadas de Donetsk y Lugansk] están sufriendo una catástrofe humana que Ucrania trata de agudizar”, declaró este viernes Denís Pushilin, vicepresidente del Parlamento de Donetsk y representante de los rebeldes en las conversaciones de Minsk.


El dirigente separatista subrayó que “no hay negociaciones directas entre Donetsk, Lugansk y Kiev”. “Rusia y la OSCE son mediadores en el proceso negociador pero de ninguna manera representan nuestros intereses”, expresó, agregando que aún es temprano para evaluar las conversaciones mantenidas por Merkel y Hollande con Poroshenko.


La cancillera alemana y el presidente francés llegarán a Moscú en la tarde de este viernes y lo harán desde sus respectivos países, adonde regresaron anoche después de las conversaciones con Poroshenko. Algunos comentaristas consideran que la inciativa franco-alemana busca impedir que Washington se decante por el suministro de armas a Ucrania, lo que agravaría el conflicto y colocaría, de hecho, a Estados Unidos y Rusia en un estado de guerra indirecto.


Mientras, en el este de Ucrania, desde la mañana comenzó una tregua en los alrededores de Debáltsevo que durará hasta las cuatro de la tarde, hora española, con el fin de que la población civil pueda abandonar la zona de combate. Las personas pueden elegir adónde salir: hacia territorio separatista o hacia el controlado por Kiev.