Intervencion


Una intervención militar internacional en Libia, planteada por Egipto e Italia, sería muy compleja de llevar a cabo y podría agravar todavía más la situación caótica de este país extremadamente dividido, según expertos preguntados por AFP.


La comunidad internacional considera que el verdadero peligro en Libia es el ascenso del grupo yihadista Estado islámico (EI) además del caos causado por la lucha entre milicias de todo tipo por controlar el poder.


Una intervención apuntaría así, prioritariamente, a los grupos de combatientes yihadistas, objetivos difíciles de alcanzar porque se mueven con facilidad y se esconden entre la población, como ocurre en Siria o Irak.


“Hay células latentes en todas las ciudades, que tienen vínculos directos con [el jefe del EI Abu Bakr] al Baghdadi”, advirtió esta semana un portavoz militar, el coronel Ahmed al Mesmari.


Los grupos yihadistas se desplazan por las extensas regiones del país que están completamente fuera de control, incluyendo las fronteras terrestres y marítimas.


Intentan también implantarse dentro de los territorios bajo la influencia de Fajr Libya (“Amanecer de Libia”), que agrupa a milicias fuertemente armadas. Esta coalición, que controla la capital, Trípoli, es reacia a una intervención extranjera y denunció el lunes los bombardeos egipcios.


Fajr Libya se opone a las fuerzas conducidas por el general Jalifa Haftar, quien dice combatir el “terrorismo” con el apoyo del gobierno reconocido por la comunidad internacional. Pero Haftar apenas consigue reforzar su influencia en el este libio, en particular en Bengasi, segunda ciudad del país, donde se enfrenta a la resistencia de grupos islamistas como Ansar al Sharia, calificado como organización terrorista por la ONU.


Una intervención representaría “un apoyo a la estrategia de Haftar a costa de Fajr Libya”, señala Luis Martínez, del Centre d’Etudes et de Recherches Internationales (CERI).


Los expertos tildan de arriesgado que una coalición internacional se fije objetivos para bombardear desde el aire sin apoyarse en un trabajo de investigación profundo, en razón de las facciones yihadistas que no comparten la misma ideología que el EI o Ansar al Sharia.


Una intervención terrestre obligaría, en cambio, a la movilización de decenas de miles de hombres y “tendría pocas posibilidades de éxito. El caso afgano es el ejemplo perfecto”, apunta Mazen Cherif, experto en temas de terrorismo.