Periodista


El periodista japonés Kenji Goto, asesinado por el Estado Islámico (EI), dedicó su carrera a cubrir conflictos bélicos y en especial la guerra civil siria, una trayectoria que sufrió un giro dramático con su secuestro por parte del grupo terrorista.


El anuncio de su decapitación ha llegado tras una tensa espera que se ha prolongado 12 días, desde que el pasado día 20 el grupo yihadista difundiera un vídeo en el que aparecía Goto junto a otro rehén japonés, Haruna Yukawa.


En un primer momento, EI amenazó con ejecutar a ambos rehenes si no recibía el pago de 200 millones de dólares en un plazo de 72 horas.


Cumplido este plazo, EI difundió otros dos vídeos en los que Goto anunciaba la ejecución de su compañero de cautiverio y comunicaba la exigencia del grupo terrorista de liberar a la extremista Sayida al Rishawi, condenada a muerte en Jordania por un atentado fallido en 2005, a cambio de su propia libertad.


Goto, de 47 años, permanecía secuestrado por el EI desde finales de octubre, aunque hasta la semana pasada no salió a la luz pública que era uno de los dos rehenes nipones cautivos del grupo (Yukawa había sido capturado en julio).


Este periodista freelance se había desplazado al territorio sirio controlado por EI a comienzos de octubre con la intención de cubrir la guerra civil, al igual que había hecho antes en otros conflictos en la región.


Según los medios nipones, también viajó a Siria con el objetivo de mediar en el secuestro de Yukawa, a quien había conocido previamente en el país árabe.


Mientras que la desafortunada trayectoria de Yukawa -un supuesto emprendedor que buscaba negocios en Siria- no despertó demasiada simpatía entre los japoneses, el caso de Goto sí ha suscitado la compasión de la sociedad nipona.


Desde que se anunció su cautiverio, centenares de personas se concentraron frente a la residencia del primer ministro, Shinzo Abe, para solicitarle más esfuerzos y lograr la liberación de Goto.


Además, decenas de miles de personas han apoyado en las redes sociales la campaña “I am Kenji” (“Yo soy Kenji”), en la que cada simpatizante cuelga una foto con un letrero en el que figura dicho lema.


También han sido muchos los mensajes de apoyo de colegas de profesión o sus profesores universitarios, quienes le han definido como un “profesional entusiasta” y “entregado a la causa de la justicia”, según publican los medios.


“Era muy cuidadoso en sus acciones. Parecía tener un gran deseo de hacer algo por el pueblo de Siria, sobre el que ha estado informando durante mucho tiempo”, dijo al diario Mainichi el periodista freelance Junpei Yasuda, quien cubrió el conflicto sirio junto a Goto y también fue secuestrado en Iraq en 2004.


Goto, casado y padre de dos hijos, se había especializado en reportajes sobre refugiados, en especial niños, afectados por los conflictos armados, y también había colaborado con Unicef y trabajado como voluntario en las regiones niponas más castigadas por el tsunami de 2011.


“Espero que nuestras dos hijas puedan crecer conociendo a su padre”, dijo su esposa, Rinko Goto, quien definió al periodista como “un hombre bueno y honesto que fue a Siria para dar voz a los que sufren”, en un emotivo mensaje en el que pedía su liberación dos días antes de que el EI enviara el vídeo que muestra su aparente ejecución.


El reportero, que en 1996 creó su propia agencia de noticias, tenía un billete de avión para regresar a Japón el día 29 de octubre y, según los medios nipones, fue secuestrado pocos días antes, cuando perdió el contacto con sus allegados.


“Si me ocurre algo en Siria, será bajo mi responsabilidad, y en ese caso pido a los japoneses que no guarden rencor a los sirios”, afirmaba el periodista en un vídeo para su familia grabado antes de su captura y difundido por la cadena estatal NHK.