Mujer Yihadista


La función fundamental de la mujer es “estar en casa con su marido y sus hijos“, según las seguidoras del grupo yihadista Estado Islámico (EI), que incluso consideran legítimo el casamiento de las niñas a la edad de 9 años.


Así lo recoge un supuesto manifiesto sobre el papel de la mujer publicado recientemente por presuntas simpatizantes de la brigada femenina del EI Al Jansá, que advierten de que no es un texto oficial de la organización.


Si ya de por sí poco se sabe a ciencia cierta de este grupo radical, que ha proclamado un califato en Irak y Siria, menos se conoce aún sobre las mujeres que se han adherido a él.


Los escasos datos de que se disponen se basan en lo que puede extraerse de los intercambios de mensajes entre presuntas partidarias de los extremistas en las redes sociales de internet y en documentos como el manifiesto de la brigada Al Jansá, con tintes propagandísticos y difíciles de autentificar.


La propaganda del EI presenta un panorama idílico para atraer a las féminas al “califato”, aunque la realidad es bien distinta ya que los yihadistas ejercen prácticas brutales en sus dominios como la lapidación de mujeres por adulterio y la esclavitud sexual entre sus prisioneras, como es el caso de cristianas o yazidíes.


En el citado manifiesto, se dan una serie de directrices sobre cuál debe ser el rol de la mujer en la sociedad que quiere el EI.


Se defiende la educación de ellas con el único fin de que puedan servir mejor a sus hijos, pero esta debe fundamentarse en el estudio de la sharía o ley islámica.


A este respecto, establece un calendario en el que de siete a nueve años las niñas deberían cursar jurisprudencia islámica, árabe del Corán y ciencias centradas en el cálculo y conocimiento del medio.


Entre los doce y los trece, el EI opina que los estudios deberían centrarse más en la religión, con especial hincapié en la ley islámica referida al matrimonio y el divorcio, aparte de otras asignaturas como tejer y cocinar.


De los trece a los quince, las menores deberían estudiar la sharía, así como “habilidades manuales”, descritas así en el manifiesto, tales como la crianza de los hijos e historia del islam.


Pese a que el texto considera legítimo el matrimonio de las niñas a los nueve años, sostiene que “las chicas más puras” deben casarse entre los dieciséis y los diecisiete años.


El manifiesto establece que en solo tres casos se puede permitir que las mujeres abandonen sus hogares: Para hacer la yihad o guerra santa si el enemigo ataca su país, no hay hombres suficientes para protegerlo y hay una fetua de los imanes; para estudiar religión; y los casos de médicos y profesoras.


En su parte final hace mención a las familias de “emigrantes” que han viajado a lugares del “califato”, como Al Raqa, bastión principal del EI en Siria, y hace un retrato “bucólico” de sus vidas allí.


Sin embargo, no parece que esta descripción corresponda con la realidad, según se desprende de algunos relatos en Twitter de presuntas seguidoras del EI que han viajado a Siria o Irak.


Sus tuits hablan en muchas ocasiones de la pérdida de sus maridos en la batalla, como es el caso de una mujer que se identifica como Um Muhlsa.


Otra presunta “emigrante” en el califato, que se identifica como Um Hamza, posiblemente británica, recomienda a los hombres que respeten a las mujeres y destaca que el respeto empieza por sus propias madres.


Un asunto recurrente en sus mensajes son las dificultades para hacer la “hégira” o emigración al “califato”.


Este tema lo aborda una presunta yihadista, identificada como Um Leith, en el blog que escribe en Tumblr, cuya autenticidad no pudo ser comprobada.


En la bitácora, habla de lo complicado que es renunciar a una vida de comodidades y a la familia en el país de origen, ya que, reconoce, “dejas a las mujeres que te tuvieron en su vientre durante 9 meses, te alimentaron y permanecieron por la noche para atender tus necesidades”. Um Leith afirma que uno de los peores momentos es la primera llamada a los padres una vez que la “emigrante” cruza las fronteras.


Pese a que estas mujeres defienden la “hégira” al “califato”, en Twitter puede detectarse el fenómeno de las presuntas “emigrantes revertidas”, como ellas mismas se autodenominan en sus perfiles.


Apenas ofrecen datos de los motivos de su regreso a sus lugares de origen desde Siria e Irak, aunque tampoco resulta difícil de imaginar que los abusos con los que se han topado en el “califato” no es lo que cuenta la propaganda yihadista.