recSanto Domingo.- Las autoridades sanitarias admitieron ayer que hubo un mal manejo con los expedientes médicos que fueron destruidos junto con la demolición de hospital Luis Eduardo Aybar.


Sin embargo, la destrucción de estos récords médicos pudo haberse evitado, porque el personal del Archivo General de la Nación había dispensado visitas al centro hospitalario y ofrecido asesoría, tanto a ellos como a otros centros de salud, para el manejo de este tipo de documentos.


Durante una rueda de prensa, Félix Hernández, director Regional de Salud Metropolitana (Zona 0); Julio Manuel Rodríguez Grullón, presidente del Consejo de Directores de Ciudad Sanitaria, y el director del “Morgan”, Manuel Méndez, admitieron que hubo una mal manejo con los documentos, razón por la cual la ministra de Salud, Altagracia Guzmán Marcelino, ordenó una investigación para establecer sanciones.


Hernández citó que entre 300 y 400 expedientes fueron destruidos, pero que los archivos que contienen el historial médico de los pacientes de ese centro de salud están digitalizados y permanecen seguros en una base de datos propia.


El galeno insistió que fue una parte mínima lo que se perdió y contó que al parecer quedaban algunas cajas que no habían sido trasladadas hacia el área de suministro, el cual usan como almacén y “al parecer la constructora (Consorcio Consmara-Seminsa) se adelantó un poco en el cronograma de trabajo, y fueron lo mínimo”.


En el citado espacio quedan cajas que contienen expedientes de personas fallecidas, libros de internamientos, cajas de cuentas, de defunción, de recibos de donación y otros.


Hernández reiteró que como Regional de Salud no se hizo lo adecuado, pero que le garantiza a la población que la información básica está asegurada y que todo aquel que venga a buscar una fecha o declaración podrá encontrarla.


Más de un millón


Manuel de Jesús Méndez, director del hospital Luis Eduardo Aybar, explicó que producto del proceso de digitalización desarrollado hasta el momento, se ha automatizado más de un millón de expedientes, los cuales reposan en los archivos digitales, donde están al alcance del médico de forma rápida y oportuna.


Resaltó que desde 2003 se inició el proceso de digitalización de toda la información básica de sus pacientes, proceso que desde su inicio fue desarrollándose al pie de la letra, por lo cual han transcurrido 11 años.


Los tres galenos sostuvieron que los expedientes que se pueden ver sobre escombros derivados de la demolición del hospital forman parte de un archivo muerto, pero todas las informaciones contenidas en ellos están almacenadas en los servidores, en una base de datos que se instala en la oficina de la Gerencia de Área del Distrito Nacional, ubicada en la avenida 27 de Febrero esquina Barahona.


Roberto Cassá, director del Archivo General de la Nación (AGN), calificó de “ insólito y una violación a la ley” la destrucción de los récords médicos.


“Ninguna institución del Estado puede destruir documentos si no cuenta con la aprobación de las instancias establecidas en la ley 481-08, que en su artículo 70 dispone sanciones para los casos de deterioro o destrucción de cualquier naturaleza”, manifestó Roberto Cassá.


El historiador resaltó que los referidos expedientes tienen un indudable valor cultural, histórico, personal y hasta familiar. “Se ha aducido, en desatinada justificación, que eran documentos “muertos”.


Este es un concepto errado. Todo documento tiene valor para los propios interesados, para el patrimonio nacional, puesto que garantiza la salvaguarda y las condiciones propias de salud de las personas y sus descendientes, como es el hecho que nos ocupa”, explicó.


Dijo que para el Archivo General de la Nación la determinación es más cuestionable, pues técnicos de este organismo se presentaron al lugar del desastre y comprobaron que fueron pulverizados expedientes recientes en el hospital Luis Eduaro Aybar en su demolición.


Indicó que personal del Archivo había visitado el “Morgan” y ofrecido asesoría a ese y a otros centros de salud, por lo que es totalmente sorprendente esa “decisión aberrante”.