abortoCuando tenía 13 años Ivelisse (nombre ficticio) fue violada sexualmente por un vecino de confianza de la familia. Ella se había quedado sola porque su padre estaba interno y la madre cuidaba de él.


Recordar lo que pasó ese domingo en la noche quiebra su alma, a tal punto que no puede contener las lágrimas. Él llegó y preguntó por un primo, pero al notar que estaba sola la convenció de que lo dejara pasar con la excusa de ayudarla a preparar la cena.


La subió a uno de los cuartos de la casa a la fuerza y la violó sexualmente. “Era un hombre grande y muy fuerte y no pude hacerle resistencia”, recuerda con la voz entrecortada.


Para Ivelisse fue un momento difícil que únicamente tiene como grato recuerdo la criatura que concibió fruto del hecho que la marcó cuando apenas comenzaba a vivir la adolescencia.


Ella se enteró que estaba embarazada a los tres meses cuando le comentó a su madre que sentía algo moviéndose en su vientre.


Como una niña al fin, cuando sintió que la criatura se movía, sólo pedía que le quitaran eso. “Yo lo hacía por mi condición de muchacha, porque no estaba consciente de lo que pasaba dentro de mí”, precisó.


Recuerda que su madre se descontroló tanto que tuvo que asistir a un psiquiatra. Sin embargo, Ivelisse le agradece a su progenitora que, en medio de ese momento tortuoso, tuvo la templanza para rechazar cualquier intento de un aborto.


Otra realidad


Los cambios en la vida de Ivelisse fueron drásticos a partir de ese momento. Estaba matriculada en un colegio, pudo terminar ese año escolar porque estaba casi a finales del año lectivo y el embarazo casi no se le notaba, pero en el siguiente tuvo que cambiarse a una escuela en horario nocturno.


Temía salir a la calle porque la miraban con insistencia fruto del estigma que significa en la sociedad dominicana tener un embarazo en la adolescencia.


Tenía 14 años cuando tuvo a Jenny (nombre ficticio) y narra que cuando la llevaba a los chequeos rutinarios el médico le preguntaba por los padres de la criatura.


En muchas ocasiones tenía que llevarla a la universidad porque no encontraba a nadie con quien dejarla y ponía un paño al lado de su butaca, donde la dormía y tomaba sus clases.


“A pesar de todo lo que viví, jamás me arrepiento de haber tenido a mi hija, ella tiene una profesión y ahora está terminando otros estudios. Se ha convertido en mi gran tesoro”, expresa.


Ivelisse cuenta que también alcanzó sus metas, pues sacar adelante a su hija se convirtió en su principal motivación.


Logró terminar su carrera, tiene maestría y diferentes cursos que la han convertido en una profesional exitosa en su área. “El tenerla me hizo alejarme de lo que me pasó, me curó, y fue el motivo para yo no dejar mis estudios”.


A su hija Jenny nunca le ha contado lo sucedido. El hombre con quien luego se casó Ivelisse la declaró como su hija y ha sido el padre que nunca tuvo en su niñez.


Satisfecha


“Cada quien es libre de elegir lo que debe hacer, pero en mi opinión personal no estoy de acuerdo con la interrupción de un embarazo fruto de una violación sexual. Es un niño igual que cualquier otro que no tiene la culpa de cómo fue concebido”, puntualiza Ivelisse, cuando se le pregunta del debate en el país sobre el aborto, a raíz de la promulgación del nuevo Código Penal.


“Ella es mi mayor tesoro”, expresa Ivelisse con satisfacción sobre Jenny, a quien define como una hija admirable, excelente profesional y una madre abnegada que ya le ha dado dos nietos. “Es bueno tener los hijos sin importar las circunstancias, yo solo la tengo a ella, no he podido tener más hijos”.


Precisó que era la única hembra en su casa y Jenny incluso ha llenado el vacío de la hermana que nunca tuvo. Ella jamás rechazó a Jenny porque fuera el fruto de una violación sexual y, por el contrario, asegura que ha sido “su gran premio de lotería”.


A las mujeres que están pensando en un aborto como la salida de un embarazo por violación sexual, les advierte que puede convertirse en un doble lamento de por vida, primero por el hecho que las ha marcado y segundo por negarle la oportunidad de vivir a un ser que no tiene culpa de lo que pasó ni en las circunstancias en que llegó.


“Quizás por el momento que viven lo hagan, pero hay que darse tiempo, cuando la criatura comienza a moverse en tu vientre, uno se refugia en esa cosita que está ahí. Yo tenía 14 años cuando di a luz y refugiarme en mi bebé fue mi compensación”, indicó.


El padre biológico de Jenny duró ocho años preso por la violación sexual y en un momento desde la cárcel ejerció presión para que le permitieran declarar a la niña como su hija. Un tribunal desechó sus pretensiones y validó la declaración del actual esposo de Ivelisse.


Pero aquí no termina la historia de esta mujer de voluntad férrea y con un temple admirable. Jenny ha curado a tal punto el dolor de Ivelisse por la violación sexual que incluso le ofreció al padre biológico la oportunidad de conocer a su hija, pero con el compromiso de que nunca le cuente lo sucedido.


El mayor dolor de Ivelisse es que la situación de su padre empeoró cuando se enteró de lo sucedido. Falleció sin conocer a su nieta.


En la mayoría de casos el agresor es conocido


Los casos más frecuentes de violación sexual son ejercidos sobre niños y niñas y en la mayoría el agresor no es un desconocido para la víctima.


Las estadísticas en la mayoría de los países no son confiables debido al subregistro, ya que muchos de estos casos se quedan en el anonimato porque la familia decide ocultarlo o por las amenazas de muerte que recibe la mujer abusada del victimario.


Los expertos plantean que biológicamente también se ha determinado que no existe relación entre sexo y agresividad, por lo que este componente agresivo es causado únicamente por la educación social y cultural que reciban los individuos.


En una investigación realizada en diciembre por LISTÍN DIARIO, determinó que en los últimos tres años han entrado a los tribunales del país 869 casos de violaciones sexuales contra menores de edad.


Según cifras ofrecidas a este diario por la División de Estadísticas Judiciales del Consejo del Poder Judicial, desde el 201 2hasta los primeros ocho meses del 2014 fueron fallados también 614 de esos casos, equivalentes a 71 por ciento. Las estadísticas suministradas indican que en el 2012 entraron 369 casos de violaciones sexuales de menores a los tribunales, con un total de 228 fallados, para 62%. En el 2013 ingresaron 340 casos y fueron fallados 264, equivalentes a 78%.


Mientras, en los primeros ocho meses del presente año han entrado a los tribunales 160 casos de violaciones sexuales contra menores y han sido fallados 122, para 76%.


El artículo 130 del Código Penal establece que la violación es todo hecho de penetración sexual perpetrado por una persona contra otra por la vagina, el ano o la boca, mediante violencia, constreñimiento, amenaza, sorpresa, engaño o por cualquier otro medio que invalide o anule la voluntad de la víctima.