RepublicanosEl anuncio del presidente estadounidense, Barack Obama, de un “nuevo capítulo” en la relación con Cuba tiene todavía que enfrentarse a obstáculos legislativos personificados en destacadas figuras del Partido Republicano que ya han amenazado con bloquear aspectos clave del deshielo.


Apenas una hora después del histórico discurso de Obama –e incluso antes de su alocución en la Casa Blanca–, los republicanos comenzaron a dejar caer fórmulas con las que podrían entorpecer el acercamiento hacia la isla tras más de medio siglo de bloqueo comercial y político. No en vano, a partir de enero el Partido Republicano controlará las dos cámaras del Congreso.


Sobre la mesa figuran el posible rechazo de los fondos necesarios para abrir una Embajada en La Habana, el bloqueo del nombramiento de un potencial embajador, el rechazo a una normativa que facilite los viajes hacia Cuba o la falta de interés por cualquier iniciativa legislativa que suponga una relajación del bloqueo.


“El embargo que lleva décadas impuesto está ahora codificado en la legislación. Cuando aparezcan los cambios, me implicaré con el Congreso en un debate sincero y serio sobre el fin del embargo”, dijo Obama en su discurso, en el que quiso dejar claro que la decisión tomada por John F. Kennedy no es insalvable a día de hoy.


El presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, ya advirtió de que se opondría a cualquier revisión de las relaciones con Cuba en la Cámara Baja y voces clave en el Senado como Mitch McConnell, John McCain, Ted Cruz, Marco Rubio y Lindsey Grahamn, tampoco perdieron tiempo a la hora de amenazar con bloquear los planes de Obama.


En las filas demócratas, existe división de opiniones. Aunque la mayoría coinciden en que “la política de aislar a Cuba no ha servido a los intereses” de ninguna de las partes, como apuntó la líder de la minoría en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, otros como el actual presidente de la Comisión de Exteriores del Senado, Robert Menendez, se han mostrado críticos.


Menendez ha visto en el acuerdo del miércoles un premio al “comportamiento brutal” de Cuba y un “peligroso precedente” que podría poner en riesgo la seguridad de ciudadanos estadounidenses en el extranjero.