LeyToda una vida de mudanzas ha enseñado a Claudia Morales a empezar a empacar temprano, porque al igual que los de la mayoría de los niños de 13 años, su cuarto “siempre está desordenado”.


Las sudaderas van en su maleta, pero como siempre, todas sus tareas escolares parcialmente hechas terminan en la basura. Apenas una semana después, Claudia tiene cuadernos nuevos, al igual que libros de texto y tres abultadas maletas que debe empezar a desempacar a 322 kilómetros (200 millas) de distancia. Esto ocurre cada año, dos veces.


Este diciembre, miles de niños trabajadores agrícolas inmigrantes realizan su travesía anual a nuevas escuelas en California, pero también la hacen en otras ocasiones a lo largo de Estados Unidos. Durante la temporada de cultivo, sus padres alquilan viviendas de bajo costo en campamentos agrícolas subsidiados por el gobierno federal, pero las normas estatales obligan a las familias a mudarse al menos 80 kilómetros (50 millas) de distancia una vez que los campamentos cierran durante el invierno.


“Hay una vida que tenemos que vivir”, dijo. “Me gustan los dos lugares, pero cuando crezca espero tener un buen trabajo y comprar una casa en la que siempre podamos quedarnos”. Claudia obtuvo calificaciones excelentes en una escuela, y notas un poco bajas en otra, pero mientras los años avanzan y los cursos son cada vez más complejos, las probabilidades aumentan. A la larga, cerca de 90% de los niños que viven en campamentos temporales abandona sus estudios, de acuerdo con Human Agenda, organización sin fines de lucro en San José a favor de los derechos humanos.


En la escuela secundaria Aptos, donde Claudia empezó a cursar el octavo grado en otoño, el asesor de inmigrantes Juan Alcántara dijo que ahí existe un puñado de alumnos que reprueban todas las clases, contando los meses que faltan para mudarse, a veces hasta México.


“Se ven ellos mismos como visitantes en esta escuela”, dijo. “Piensan, ‘Provengo de un campo agrícola cercano a un basurero. No pertenezco aquí, y me voy a ir pronto”’. Este año, un legislador estatal trató de modificar la norma de los 80 kilómetros, pero el proyecto de ley no fue aprobado por un comité.