maquinasSANTO DOMINGO, República Dominicana.- La importación de impresos y productos gráficos terminados, sobre todo tras la implementación del DR-CAFTA, y la irrupción ventajosa de inversionistas “no tradicionales” explican en gran medida la “crisis aguda” que según la Asociación Dominicana de Industrias Gráficas y Afines (ADIGA) afecta a muchas imprentas del país.


De acuerdo con el presidente de ADIGA, Luis Miura, la Asociación de Industrias de RD (AIRD) y algunos expertos, el panorama apunta a complicarse a partir del 2016, cuando en virtud del tratado con Estados Unidos y Centroamérica (DR-CAFTA, en inglés) podrán ingresar con tasa cero artículos como los talonarios de cheques, que pagan hoy un arancel del 9.6%.


“El sector está en su mínima expresión productiva. La mayoría de las industrias gráficas están trabajando al 40% de su capacidad; tenemos imprentas insignia, de gran tradición, que han cerrado en los últimos dos años, y algunas han tenido que cerrar por una semana por falta de trabajo”, indicó Miura.


Explicó que antes, en esta época de navidad y fin de año “la mayoría de los talleres (gráficos) estaban trabajando horas extras, hasta en dos turnos, pero ahora hay una recesión muy marcada en el sector; la peor desde 1993, incluso peor que cuando la crisis bancaria” del 2003.


Además de la “invasión” de empaques, libros, cuadernos y una vasta gama de productos impresos, especialmente centroamericanos, otros factores en contra son la alta tasa de informalidad en el sector, la inobservancia del etiquetado de productos y la “violación” de la Ley de Compras y Contrataciones Públicas por el Ministerio de Educación y otras entidades.


“En el caso de Educación, los libros (de texto) están amarrados a sus casas editoriales, que los imprimen ellas mismas en su mayoría”, dijo el empresario al periódico Acento. “El desmonte (arancelario) es inminente. Lo que nos preocupa es que no vemos ningún tipo de acción del sector oficial para mejorar las condiciones de la industria local, sobre todo de las pymes (pequeñas y medianas imprentas)”, sostuvo el presidente de ADIGA.


Pese a su probada calidad, capacidad instalada y las oportunidades de mercado que ofrece la región, las imprentas locales exportan cada vez menos. “El costo de exportar nos saca de competencia, somos competitivos hasta el puerto; a veces colocar una etiqueta en Trinidad y Tobago te cuesta tres veces más que el valor del producto. Por ejemplo, Brugal encarga sus etiquetas en Barbados”, apuntó Miura.


Otro punto es la falta de un reglamento para la implementación de la Ley del Libro y Bibliotecas (502-08), aún pendiente de aprobación. Esta legislación concede exenciones impositivas a la importación de materias primas, maquinarias, papel y otros insumos vitales para la producción de impresos.


Favoritismo y distorsiones en el mercado


Pero si hay algo que genera “ronchas”, distorsiones y competencia desleal en el mercado, según la ADIGA, es la creciente pujanza e incidencia de “nuevos inversionistas” con muy buenas conexiones en el Estado, uno de los mayores compradores de impresos.


“A todo esto se suma que hay nuevos inversionistas, gente ligada al Gobierno que tiene imprentas nuevas, que han sacado de competencia a otros porque tienen favoritismo político” en algunas instituciones, denunció el dirigente empresarial.


Ramón Báez, presidente de la Federación de Asociaciones Industriales (FAI) y directivo también de ADIGA, agrega que “últimamente ha aumentado la participación de inversionistas no tradicionales, algunos con relaciones filiales con instituciones del Estado, o con personas influyentes, sobre todo en instituciones que no llevan muy al pie de la letra la Ley” de Compras y Contrataciones Públicas.


Afirma que la situación “ha limitado aún más el mercado interno” y “desencantado a muchas imprentas que tradicionalmente suplían a ciertas instituciones, que ahora lo hacen no por licitación, sino por favoritismo” político. Báez alude a “grandes volúmenes de compras de impresos que se quedan en manos de un grupito”, al que no identifica. Asegura que ADIGA se ha cansado de impugnar procesos de compras, sin ningún resultado.


Narra que ya a la industria gráfica recibió el mayor impacto de la entrada en vigor en 2007 del DR-CAFTA, que acentuó las desventajas competitivas del país frente a Centroamérica. Detalla que “el impacto viene dado de dos formas: por empaques que vienen desde Centroamérica y por productos que ya vienen empacados” desde esa misma región.


“Ya el golpe nos lo dieron, en el sentido de que casi todos los renglones ingresas con tasas sumamente reducidas (…) el DR-CAFTA empezó a desmontar lo poquito que quedaba pero nuestra competencia real está en El Salvador, Costa Rica, Guatemala, de donde entran una gran cantidad de empaques que utilizan las industrias nacionales”, explica.


Indica que también los avances tecnológicos y el internet le han quitado mercado a la industria gráfica. “Ahora las facturas se imprimen, la papelería, publicaciones, muchos negocios tienen impresoras de alta velocidad, en eso se fue buena parte de las imprentas de la zona colonial”.


María del Lourdes Núñez, coordinadora de Facilitación Comercial y Logística del Consejo Nacional de Competitividad (CNC) ha señalado los riesgos que implica para la industria gráfica la entrada de más productos centroamericanos y de Estados Unidos con cero aranceles a partir de 2015 y 2016.


Al tema también se ha referido la vicepresidenta de la AIRD, Circe Almánzar, al enumerar los talonarios, tarjetas postales y calendarios entre los rubros que entrarán al mercado sin gravámenes aduanales.


Según ha denunciado la ADIGA, la mayoría -entre el 70% y el 80%, según afirman- de los libros de texto de las escuelas dominicanas son impresos en China, Colombia y España.