cortLos testimonios son muchos, pero la versión que más se conoce es la que dio el pasado lunes la Dirección Antinarcóticos de la Policía Nacional donde da cuenta que un hombre fue ultimado por agentes de ese organismo porque alegadamente se resistió a un arresto en momento en que realizaban un operativo antidrogas en el sector La Barquita, Santo Domingo Este.


Un carnet que lo acreditaba como miembro de la Federación Nacional de Motoconchista y otro como seguridad de la Estancia Infantil Perpetuo Socorro, en Los Mina, dan cuenta de los más de 15 años que llevaba Antonio Roberto Minyety Pimentel, de 44 años, desempeñando ambas funciones.


Pero la idea que tienen sus familiares de buen empleado, padre e hijo cambió para la Policía el pasado sábado en la tarde cuando se encontraba justo al final de la Cañada del Diablo, en la Barquita, lugar al que ocasionalmente solía ir a pescar, ya que era su pasatiempo favorito. Una patrulla de la Policía llegó y sin preguntarle siquiera quién era le disparó, cayendo boca abajo en las pestilentes aguas de la cañada, de acuerdo a la versión de un testigo del hecho, cuyo nombre reservamos.


Minyetti residía en la calle 41, número 41 y no en la calle 47, equina R-2, como dijo la Policía. Los vecinos no salen del asombro al escuchar lo que dijo la uniformada sobre la víctima. La versión de los agentes actuantes es que era un supuesto distribuidor de drogas en la zona. Al momento del hecho se abría resistido al apresamiento y enfrentó a la patrulla con un arma, dice el reporte policial.


Sin embargo, testigos narran que como Dios lo ayudó, tras el disparo, Minyety logró salir del agua, y fue entonces cuando los miembros de la uniformada lo hicieron caminar, ya sin fuerzas, hasta donde estaba la camioneta esperando su cuerpo ya casi un cadáver. En el trayecto más de una persona quiso ayudar al humilde hombre, pero los agentes se negaron, por lo que las fuerzas se le agotaron y cayó justo en la esquina de la cancha que existe en el lugar.


“Para mí lo que ocurrió con él es una cosa extraña, que hasta el fiscal se preguntó que si fue algo personal porque ese señor (el policía) vino y le hizo dos disparos y solo le dijo: mira tú, párate de ahí, y cuando él (Minyety) se para le dio el disparo y cae en el agua”, narra el testigo, quien acudió a ofrecer su versión sobre los hechos a la Fiscalía de la provincia Santo Domingo.


Manchas de sangre es lo que se observa en el viejo muro de la cañada donde se encontraba sentado Minyety, donde la única arma que tenía era su extenso anzuelo o caña de pescar depositado en el río a la espera de que algún pez comiera la carnada.


“Ni un cortapluma tenía ese, eso fue a sangre fría. Si ellos alegan que tenía armas eso es mentira”, dice el testigo. Mientras todo eso pasaba, la angustia se apoderaba de la familia de Minyety, ya que estaba desaparecido desde el día anterior cuando le cogió prestado un viejo motor a su hermano y salió con rumbo desconocido.


El hecho se produjo alrededor de las 5:00 de la tarde del pasado sábado, pocos minutos después de haber salido de su vivienda. Pero no fue hasta el día siguiente, más o menos a la misma hora, cuando dieron con su paradero tras recorrer varios destacamentos y hospitales hasta llegar al Instituto Nacional de Patología Forense, donde le mostraron una fotografía de su cadáver.


Buenaventura Pimentel Brea, madre del occiso, todavía trata de asimilar lo que pasó con su hijo, pues asegura que “falsos testimonios, como ese que le pegaron a mi hijo, no se puede comparar con nada. Y me lo acusa de que era un traficante”. “Mis hijos los crié lavando y planchando, con dignidad, dice, al tiempo de tratar de contener las lágrimas, mientras observa el horizonte, con miradas profundas, sentada en una silla en la sala de su vivienda.


El pasado lunes se tenía previsto que a su hijo le entregaran un motor que había comprado a crédito para trabajar, ya que el que tenía lo vendió porque estaba muy viejo y lo que ganaba se le iba arreglándolo. “¿Tú cree que si mi hijo vendiera droga iba a coger un motor fiao? Tuviera un carro ahí parqueado. Yo no viviera como vivo, sin mueble, nevera ni nada que sirva”, dice la atribulada madre, que guarda la esperanza de que se haga justicia con la muerte de su hijo.


Llama la atención que, de acuerdo al acta que reposa en la Fiscalía sobre la acusación, se indica que “personas no identificadas la emprendieron a tiros contra la patrulla viéndose ésta en la obligación de repeler la agresión”, pero el arma que alegadamente tenía la víctima no figura dentro de las evidencias que supuestamente depositaron como prueba de que el occiso era un distribuidor de drogas y andaba armado.


Dentro de las evidencias señalan que se le ocupó una funda negra conteniendo varias envolturas de cocaína, marihuana y crack, y una balanza, las cuales se encuentran depositadas en la Dirección Nacional Antinarcóticos (DICAN). Hoy la Fiscalía de la provincia Santo Domingo conocerá medidas de coerción contra el cabo Robert Alexander Herrera, de 22 años y el raso Tito Antonio Tavárez, de 27, integrantes de la patrulla que le disparó a Minyety Pimentel. Tanto familiares y amigos de Minyeti, así como personas que vieron lo que pasó el día de su muerte coinciden en que no vendía, ni tenía drogas al momento del hecho, por lo que piden que se aclare su muerte.