imageGINEBRA.- La desatención a la cultura y a las creencias en África ha sido una barrera capital en los esfuerzos internacionales para atajar la epidemia del ébola, dijo hoy la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja (FICR).


Esta entidad, que constituye la mayor red humanitaria del planeta, presentó hoy su informe anual sobre desastres, que por primera vez valora la importancia del factor cultural en la reducción de los riesgos en casos de catástrofe.


Si bien distintos desastres de la última década, tanto en países desarrollados como en desarrollo, han mostrado la importancia de tomar en cuenta la cultura y las creencias en las actividades de emergencia y recuperación, la epidemia del ébola ha subrayado que esto no solamente es importante, sino vital.


“La gente (damnificada) debe sentir que entendemos sus practicas y, en el caso del ébola, los entierros son una oportunidad para explicar a la comunidad que uno no está contra su cultura”, dijo en la presentación del informe anual el subsecretario general de la FICR, Matthias Schmale.


Agregó que las organizaciones internacionales suelen llegar a los lugares donde han ocurrido desastres creyendo que es suficiente con diseminar la información sobre cómo prevenir más riesgos, sin entender que “compartir la información no es lo mismo que entender y aprender”.


Schmale dijo que el ébola es una situación excepcional, en la que los voluntarios de las sociedades nacionales de la Cruz Roja de Liberia, Sierra Leona y Guinea Conakry participan en el entierro de personas, “lo que no es una función habitual de la Cruz Roja, cuyo rol es salvar vidas”.


Sin embargo, la gestión adecuada de los cadáveres -que los científicos creen pueden ser hasta diez veces más contagiosos que los enfermos- y el respeto de ciertas normas durante su entierro es clave para detener la propagación del virus del Ébola.


“Lo racional es enterrarlos rápidamente y sin tocarlos, pero en culturas donde se da mucha importancia a tocar a la persona cuando se le da el adiós final, este pensamiento racional no se entiende”, explicó el responsable del FICR. La solución sólo se encuentra, agregó, cuando se entiende que es importante transmitir a la gente que no están “contra su cultura de tocar el cuerpo, sino que es por su propia seguridad… pero esto lleva tiempo”.


Schmale consideró que el diálogo con las comunidades para ayudarlas a cambiar de comportamiento también ha tomado las características de “carrera contra el tiempo”. Este año, el informe de la FICR no contiene “un recuento de las cosas buenas” que han hecho, explicó su subdirector, sino que más bien consta de un análisis crítico, a la vez que constructivo, sobre lo que hay que cambiar para que su acción humanitaria sea más eficaz.


El responsable de ese análisis, Terry Canon, explicó que la comprensión y aceptación de las diferencias culturales, y de cómo manejarlas, surgió como el principal desafío. “Los riesgos siempre son percibidos a través de las gafas de la cultura, según la propia visión del mundo. Las organizaciones (internacionales) tienen un enfoque racional sobre los riesgos y creen que transmitir conocimientos a la gente es suficiente, sin tomar en cuenta que la gente ya tiene su propia comprensión de los riesgos”, señaló.


Un ejemplo claro que aporta el informe corresponde a las tragedias nucleares ocurridas con 25 años de intervalo en Ucrania (Chernobil) y Japón (Fukushima), en las que intentaban “entender porqué la gente quería volver a esos sitios contaminados” lo que les parecía “irracional”. “Pero una vez que se dialogó con las personas afectadas se entendió que ese comportamiento tenía que ver con los lazos que habían creado con su lugar de nacimiento”, explicó Canon.


Cuando están por cumplirse diez y cinco años del tsunami en el Océano Indico y del terremoto en Haití, respectivamente, ambos ofrecen también ejemplos de la influencia que ejerce la cultura en la capacidad para sobreponerse más o menos rápido a una tragedia.


“Del tsunami pensábamos que habíamos entendido que era fundamental construir casas temporales lo más rápido posible, así que importamos el mismo modelo a Haití, con casas temporales de madera que fueron rechazadas por la gente de Puerto Príncipe”, señaló Schmale.


La razón era que en Haití se asocian las construcciones de madera con los lugares donde vivían los esclavos, lo que provocó fuertes críticas entre la población. Otro error cometido en Haití fue “construir viviendas con una puerta, cuando allí, tradicionalmente, las viviendas tienen al menos dos puertas para poder escapar más fácilmente de incendios y otros tipos de desastres”, explicó. EFE