HeroePor segunda vez en menos de tres años, Vasilis Paleokostas, uno de los criminales más conocidos del país, lograba escapar de una cárcel de alta seguridad repitiendo su modus operandi: volando en un helicóptero.


Mientras se elevaba por los aires la mayoría de sus compañeros de prisión alzó las manos y comenzó a cantar y gritar como si su equipo de fútbol acabara de marcar un gol. Ese apoyo de las masas no era gratuito.


Paleokostas se había labrado un apoyo popular mientras robaba bancos y secuestraba industriales usando dos tácticas infalibles: al mejor estilo de Robin Hood repartía sus botines entre los granjeros e inmigrantes más pobres de Grecia y alegaba con efervescencia espartana que en ninguna de sus incursiones criminales había herido o dado muerte a una persona.


Sin embargo, desde aquella tarde veraniega de agosto de 2009 en que ascendió a los cielos, nadie lo ha vuelto a ver. Solo rumores. “Nunca dejaré de buscar a Paleokostas. Porque esto no es sobre si él volverá a delinquir, sino sobre cuándo lo volverá hacer”, le dice uno de los principales investigadores del caso, Dimitrios Gavanis, al periodista de la BBC Jeff Maysh, autor de un largo reportaje sobre Paleokostas llamado “El inatrapable”.