trejLa miseria en la que viven 44 familias en el Hoyo de Pepé no es imaginable. Sus casuchas son tan pequeñas que es imposible pensar en una sala o un dormitorio.Son espacios corridos con lo imprescindible: cama o colchón, nevera, estufa, televisión y mesa.


Como no hay armarios, los alambres y las maderas del techo de zinc sirven para colgar la ropa. Como no hay baño, sus habitantes acuden a uno de los cinco inodoros que hay para todos. Algunos tienen un inodoro en casa y un espacio improvisado para ducharse. Para los comunitarios es difícil recordar si en esta comunidad, ubicada en el sector Los Tres Ojos del ensanche Isabelita, en Santo Domingo Este, existe algún profesional, cuando lo que abunda es el trabajo informal.


La señora Florencia de Olio, de 62 años, trabaja como conserje y sobrevive con cinco mil pesos mensuales. “La suerte es que me ayudan. Cojo ‘fiao’ en los colmados, pero el dinero no me da. Solo para los pañales desechables de mi hijo se me van 1,800 mensual”, cuenta. Su vástago de 22 años quedó inválido por un disparo en la espalda. Dos versiones abundan sobre lo ocurrido: o fue la Policía o se trató de una bala perdida.


“Aquí hay muchos delincuentes, ladrones y adictos”, comenta de forma discreta un comunitario a elCaribe. Es difícil imaginar cómo se transporta este joven en sillas de ruedas, si caminar resulta difícil. Toda la comunidad se conecta por estrechos callejones que van descendiendo. El Hoyo de Pepé es un terreno sumergido y rodeado de calizas de origen marino que el mar dejó al retirarse. Allí las calizas incluso sirven de sostén para alguna de las casuchas de zinc y block.


¿De qué me quejo?


La doctora Rossy Martínez es la encargada del Centro de Atención Primaria Ensanche Isabelita y tiene bajo su responsabilidad el cuidado de los habitantes del Hoyo de Pepé. “Vienen muchos niños con dermitis, diarrea, dificultad respiratoria y muchos asmáticos”.


La primera vez que Martínez bajó a esta zona quedó conmovida. “Me pasé una semana pensando en la miseria con la que vive esta gente. Y uno que vive quejándose tanto”. No solo es el estado en que están estas casas, donde no hay dormitorios con cuatro paredes y una puerta, sino camas o colchones colocados uno al lado del otro. Cuando llueve, la basura de la zona alta del ensache Isabelita es arrastrada y termina cuesta abajo, en el Hoyo de Pepé. Las casas se inundan de agua negra. Los habitantes caminan y muchos niños juegan entre las cunetas posadas de agua contaminada.


La contaminación aumenta el riesgo


Para el personal médico del Centro de Atención Primaria Ensanche Isabelita es un reto atender a los habitantes del Hoyo de Pepé, por la condición en la que viven y el riesgo de enfermedades a la que están expuestos. Además de esta población, el Centro atiende las comunidades del Hoyo María y el Hoyo Alabanza, donde el panorama cambia: advierten que es más peligroso, se oye música electrónica y los perros de raza caminan por un ambiente más decente.