selfie comida


Las imágenes de comidas abundan en Facebook, Twitter, Pinterest o Instagram. Puede ser un plato caro en un restaurante ídem, una milanesa napolitana en un bodegón de barrio o el asadito del domingo en el patio de casa. Armados de un smartphone, o una cámara, muchos foodies (amantes de la comida) fotografían casi todo lo que comen.


Luego, lo comparten y generan todo tipo de comentarios. Las fotos espectaculares de comida, conocidas también como food porn , por alguna similitud con el porno, existen desde hace años. Ahora se subieron a la ola imparable de las redes sociales.


Las redes sociales, sin embargo, son sólo el comienzo. Foodspotting, por ejemplo, es una aplicación creada especialmente para subir una foto poco antes de comer en un restaurante.


El trámite es sencillo: se saca la foto, se comparte y el lugar sale en Google Maps. Fue lanzada en 2010 con la idea de que la gente pueda encontrar y calificar platos.


“Lo uso, en especial, cuando viajo, para saber qué se come por dónde estoy”, dice Florencia Florio sobre este verdadero GPS de la gastronomía.


En Facebook, una página titulada Food Porn suma más de 1,7 millones de “me gusta”. En la red social más concurrida, los grupos de usuarios aportan lo suyo.


Un ejemplo es Buena Morfa Social Club que nació, en la Argentina, hace tres años. Su creador, Marcelo Crivelli, recuerda que todo empezó con una foto que publicó en su muro de Facebook: “Hubo varios comentarios de amigos y uno de ellos, Enrique Marchisio, me propuso armar un grupo sobre restaurantes.


Llegué a mi casa, lo armé y acá estamos”. Concebido para “recomendar o defenestrar restaurantes”, ahora, el grupo tiene 5.621 miembros. “Participamos con nombre y apellido, lo que nos permite interactuar a cara descubierta”, explica Crivelli.


El fenómeno va más allá de los restaurantes. A Claudia Waldman, por ejemplo, lo que más le gusta es “relacionar la comida directamente con la reunión, cualquiera sea el motivo”. Algunos de sus fotos muestran platos caseros.


A esta altura, la pregunta que surge es ¿por qué hacemos todo esto? La socióloga Cecilia Arizaga, directora de la carrera de Sociología de la UCES, considera que el fenómeno va más allá del narcisismo asociado con las selfies.


“Lo analizo como una forma de distinción social en la cual se ponen en escena estilos de vida propios de la sociedad del capitalismo tardío, donde todo es eventual, cambiante, fugaz”.


En ese contexto, agrega Cecilia, “los consumos asociados al placer se vuelven una marca que establece divisiones al interior de las clases medias, donde existe una asociación íntima entre la buena vida, la comida y el vino. Mostrar qué comemos, dónde y cómo habla de nosotros y de quién buscamos diferenciarnos.


Puede tratarse de un restaurante top o de una comida casera.” Para el final, una paradoja y una señal de alerta. El año pasado, la universidad Bringham Young, de Utah (Estados Unidos), aseguró, tras un estudio, que este tipo de fotos disminuye el placer de la comida, en vez de aumentarlo. Algo muy similar a lo que sucede con el porno más glotón.