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Aun cuando la vida y las actividades en el entorno de la apresurada calle 16, del barrio 27 de Febrero, se mantuvo ayer domingo en relativa calma, un día después del estallido de violencia a cargo de una multitud de haitianos que enfrentó a fuerzas de la Policía por la muerte de un compatriota a mano de un agente de ese cuerpo.


El vecindario dominicano en ese enclave confiesa ahora sentir miedo y empezó a reclamar la expulsión de sus vecinos extranjeros.


Y mientras ese sentimiento aflora públicamente, la Policía ha informado de la detención de 12 personas, la mayoría de origen haitiano, a las que interroga bajo sospecha de haber promovido los disturbios del sábado pasado.


También informó del arresto de un cabo que habría matado al haitiano, y un oficial al mando de la patrulla.


Por su parte, el procurador general de la República, Francisco Domínguez Brito, tras juzgar ayer “inaceptable e inadmisible” el ataque a las fuerzas del orden público, prometió que habrá persecución y castigo contra los responsables, igual que una investigación a fondo de la muerte de Yanisel Yan (Sedien), de 20 años.


Pese a que los residentes en la calle 16 prefirieron no hablar del incidente del sábado, cuando cientos de haitianos abandonaron sus techos y tomaron la calle para enfrentarse a la Policía, que junto a médicos forenses levantarían el cadáver de Yan, rompieron ayer su silencio para indicar que ya no quieren a los haitianos allí.


La historia sobre la presencia haitiana en la calle 16 y otras vías colindantes no está muy distante en el tiempo.


Empezaron a asentarse allí hace al menos diez anos y poco a poco extendieron su presencia.


Los atrajo, básicamente, la existencia de pensiones baratas, fácil acceso al transporte y un sitio adecuado para venta de chucherías. El activo escenario en esta vía, con mucho movimiento de vehículos, hileras de motocicletas casi a media calle, aceras atascadas por un cúmulo de baratijas, fue un ambiente acogedor para decenas de personas del vecino país que se muestran imperturbables ante todo este ajetreo.


Desde su llegada mostraron sus hábitos de vida y un ímpetu molestoso para los vecinos primarios del barrio.


Gustaban de las fiestas y regularmente armaban peleas.


Descuidados en asuntos de higiene y su molestia cuando se les llama a la atención empezó a disgustar a los vecinos. Pero crecían en número y se agrupaban para protegerse.


Esto creaba temor y algunas personas prefirieron evitarlos.


Al encontrar espacios de alojamiento en las denominadas “pensiones” del sector fue aumentando su presencia.


En dos desatendidos edificios, los 45 y 47 de la calle 16, en el segundo piso de ambas edificaciones, decenas de haitianos viven apiñados y en condiciones de hacinamiento.


Aurelio Vásquez, un dominicano dueño de dos bancas de lotería situadas en la esquina más próxima al negocio, es el propietario de las habitaciones.


Una entrada y salida hacia y desde la pensión se hace a través de una mugrienta escalera que lleva hasta la acera, al lado de un taller de mecánica. Entre el primero y segunda edificio hay un callejón con un rótulo que lo identifica como “Respaldo Luis Reyes Acosta”.


En el vecindario pocos tienen una opinión favorable a sus complicados vecinos. Le atribuyen una variedad de malos hábitos de convivencia y prácticas contrarias a la ley.


Se les acusa de causar desordenes, riñas y tener vínculos con drogas y alcohol. No todos encajan en este cuadro.


Allí hay gente apacible y trabajadora.


Muy pocos buscan vínculos con dominicanos.


Pero fue su furia y la confrontación con la autoridad policial lo que ahora ha hecho reflexionar a mucha gente en la 16 y otras vías contiguas, en el barrio 27 de Febrero.


Muchos residentes quieren que las tensiones terminen, previendo que un día se desate la ira de los vecinos.