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Comprar un potenciador sexual es tan fácil como adquirir una libra de habichuelas en cualquier colmado o supermercado. Solo tienes que ir a la farmacia y pedir al dependiente la marca de tu preferencia.


No hay preguntas acerca de la edad del consumidor, no se requiere prescripción médica, ni se cuestiona sobre las enfermedades que pudiera padecer la persona que no le permitirían consumir el producto.


Peor aún es lo que sucede en colmadones, discotecas y “drinks”, donde chicas con vestimenta provocativa regalan estos productos, que muchos jóvenes y adultos ingieren con alcohol.


El director de Drogas y Farmacias del Ministerio de Salud Pública, Rodolfo Núñez Musa, señala que en el país la venta de los potenciadores sexuales no está regulada. No obstante, recomendó que, debido al abuso en la ingesta de esos fármacos, la comunidad médica solicite que se pida receta para su dispendio. Sin embargo, aclaró que la literatura de la medicación establece las indicaciones y contraindicaciones.