No Videntes


Nadie, ni gobierno, ni políticos, ni empresarios, ni comerciantes, ni instituciones, ni productores, ni comunitarios ni las fundaciones, se conduelen de una familia ciega residente en el paraje “La Cuchara”, de Veragua, comunidades situadas en los confines de este municipio.


La situación económica de esta familia no vidente, encabezada por Patria, es tan crítica que ella tiene que hacer el sucio trabajo de “buza”, entre los desperdicios putrefactos de los basureros municipales de Gaspar Hernández, en busca de pedazos de metales, botellas vacías y otros artículos que le permitan subsistir con lo que otros botan.


Hace algún tiempo que una fundación integrada por gasparenses residentes en los Estados Unidos ayudó a esa familia, construyéndole la humilde casita en la que viven ahora y posteriormente otro buen samaritano les donó una nevera.


Pero después de eso, la comida, el agua potable, los aditamentos para lavar la ropa y mantener el hábitat en condiciones aceptables, siempre han faltado en la vivienda de los no videntes.


Además de Patria, la familia está compuesta por sus hijos Claudio, de 11 años; José Enrique, de 14; Carlos Manuel, de 20, y Mateo, de 24, quienes desde el nacimiento son víctimas de una rara enfermedad que les va quitando la visión con el paso de los años.


Lo extraño de esta historia es que sólo los hombres de la familia son afectados por el padecimiento, mientras las hembras nunca sufrieron la enfermedad y todas lograron casarse o formar relaciones hasta ahora estables con sus respectivas pareja sentimentales.


Hasta ahora, los especialistas no han podido encontrar una explicación científica para determinar el origen de la enfermedad.


Desde los nueve años, los varones de la familia comienzan a perder la vista y a los 19, se convierten en no videntes.


Patria debe caminar 500 metros desde la casa hasta donde están los principales vertederos de las alcaldías de Gaspar Hernández, en busca de los desperdicios.


Y allí, todo lo que le parezca con algún valor para venderse es recogido por ella, como los pedazos de metales, además de botellas vacías.


Con el escaso resultado económico, compra limitadamente la comida y la ropa de sus hijos.


“No me da vergüenza”, esta es la única manera que tenemos para vivir”, expone Patria al responder a la pregunta de cómo se siente al tener que “buzear” entre los basureros de Gaspar Hernández.


Aunque el vertedero representa una alta amenaza para su salud por la contaminación que produce, la madre dice que enfrenta el riesgo, porque no tiene otra alternativa.


A Claudio le queda parte de la visión, pero en poco tiempo también será otro no vidente total en la familia.


“Cuando la enfermedad comienza a atacarlos, conozco los síntomas, porque los ojos se les ponen grandes y a veces pequeños”, relata la madre.