Estado Islamico


Pese a las reacciones positivas que ha suscitado en la región la nueva estrategia estadounidense contra los yihadistas, analistas y actores locales consideran que la misión no será fácil dadas las severas complicaciones políticas que todavía no han hallado solución.


Estas dificultades están relacionadas con los mismos motivos que han servido para consolidar al Estado Islámico (EI), como el conflicto civil en Siria y el descontento social y político en las provincias suníes de Irak, dijo a Efe el exdirector de la egipcia Academia Militar Naser, el general Hosam Suilem.


A inicios de 2014, el EI comenzó a explotar las crecientes tensiones entre las autoridades y la población de las provincias iraquíes de mayoría suní como Al Anbar, Saladino y Nínive, gracias a las cuales pudo conseguir el respaldo de parte de los milicianos tribales en esas regiones.


Las manifestaciones suníes, que se convirtieron con el tiempo en acampadas permanentes, ya habían estallado a finales de 2012, cuando miles de personas iniciaron protestas en las principales ciudades de Al Anbar, como Ramadi y Faluya, para pedir la liberación de los detenidos y la anulación de las leyes antiterrorista y de justicia transitoria.


Ayer, Estados Unidos y diez países árabes más Turquía acordaron en Arabia Saudí una estrategia global para enfrentarse al terrorismo, especialmente al EI, en Irak y Siria diseñada según un plan propuesto por Washington.


La estrategia de EEUU, anunciada el miércoles por el presidente Barack Obama, se basa en ataques aéreos contra las posiciones de los yihadistas y en apoyar a las fuerzas iraquíes y a la oposición moderada siria, sin que haya una intervención terrestre extranjera.


Al problema con la minoría suní hay que sumarle la ausencia de una solución a la disputa territorial entre el Gobierno central de Bagdad y la región autónoma del Kurdistán iraquí, según el analista.


Para Suilem, los kurdos se aprovecharán del apoyo extranjero para anexionarse los territorios tradicionalmente en disputa en Bagdad, una parte de los cuales se hallan actualmente bajo el control del “califato” del EI.


También expresó su preocupación por la coordinación de EEUU con el Ejército iraquí “débil y dominado por la tendencia chií”, que, a su juicio, podría abrir la puerta a que las tropas perpetren abusos y revanchas en las zonas suníes contra la población local.


Obama intentó enviar señales tranquilizadoras sobre ese punto en concreto, al precisar que su administración apoyará al Gobierno iraquí para formar una fuerza que englobe a voluntarios locales en las zonas de mayoría suní.


Pese a ello, el presidente del Consejo de Revolucionarios Tribales -que engloba a las redes de activistas en las provincias suníes-, Ali al Hatem, expresó su “decepción” porque el nuevo primer ministro iraquí, Haidar al Abadi, no haya presentado ninguna solución a las demandas suníes.


En una rueda de prensa, acusó también al EI de abortar la “revolución” de las provincias suníes contra el Gobierno de Bagdad y pidió a la comunidad internacional armar a los combatientes suníes para echar a los yihadistas de sus regiones, de la misma manera que ya se ha hecho con las fuerzas kurdas.


Mientras, en Siria la estrategia estadounidense afronta el desafío de determinar quiénes serán considerados como los rebeldes “moderados”, a los que la comunidad internacional pretende armar y entrenar en su guerra contra los yihadistas.


Gran parte de estos supuestos insurgentes “moderados”, que luchan contra el régimen de Bachar al Asad, adoptan una ideología salafista, y los analistas no descartan que algunos de ellos no acepten los bombardeos estadounidenses pese a ir dirigidos contra un enemigo común.


Otro riesgo citado por los observadores en Oriente Medio al que se enfrenta el plan estadounidense es la posibilidad de que los yihadistas perpetren atentados como venganza en los países que participan en la coalición contra el EI.


Además, también se teme la respuesta del régimen sirio, que ya ha advertido de que considerará cualquier operación militar extranjera en su territorio como “una agresión”, la misma postura expresada por Rusia.