Haitianos


Como un oasis en medio del desierto, el jardín de Frantz Francois es probablemente el lugar más verde de Cité Soleil, el barrio más pobre de Haití y donde, a simple vista, cuesta hasta encontrar un árbol.


Pero a Francois le costó que sus vecinos se sintieran atraídos por los vegetales que produce porque el fertilizante que usa en su huerto está hecho con abono humano.


Al principio, la gente decía que no iba a comer nada de este jardín porque crece con fertilizante que viene del inodoro”, asegura sentado en el lugar donde ahora cada día enseña a decenas de niños y jóvenes cómo hacer un huerto urbano.


Las cosas empezaron a cambiar cuando obtuvo su primera cosecha. Algunos miembros de su comunidad vieron las zanahorias, los pimientos y el calalou -una planta comestible originaria del Caribe que se usa para hacer sopas- y pasaron la voz. Poco a poco, los vecinos fueron acercándose a su huerto y probando los vegetales.


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“Ahora cuando ven cómo crecen las plantas, se dan cuenta de que no están contaminadas y a todo el mundo en Cité Soileil le gustaría tener un jardín como este en su casa”, dice.


Francois es el encargado de un jardín urbano que usa abono de los inodoros ecológicos de SOIL, una organización cuyo objetivo es mejorar las condiciones de higiene en Haití.


Cuando la organización fue creada en 2006, sólo el 4% de la población rural tenía acceso a inodoros, mientras que en Puerto Príncipe esa cifra era ligeramente inferior, el 6%, según Baudeler Magloire, cofundador de SOIL.