Por Los Vesinos


En una húmeda casucha de madera con rendijas, una anciana de 80 años espera pacientemente en su vieja mecedora, con el estómago vacío, que llegue la ayuda para poder sobrellevar sus últimos días .


En el periférico barrio capitalino de Gualey, Consuelo Sergia Montaño se mantiene con vida por la piedad de sus vecinos, quienes conmovidos por su calamitosa situación se ofrecen a pasarle un plato de comida cada día y a visitarla de forma periódica para demostrarle el mismo afecto que en otros tiempos ella enseñó con sus cercanos.


Sin parientes vivos de los que se tenga noticia, “Doña Noraima”-como de cariño la conocen en el sector – la anciana, que aproximadamente hace un año perdió la voz y sólo ocasionalmente balbucea algunas palabras.


Tiene como único compañero permanente un gato que es como su sombra. El animal y la octogenaria parecen sentirse tan a gusto uno con el otro que, rara vez se le ve alejarsele unos pocos metros.


En casi total abandono e insalubridad Doña Noraima reside en su humilde vivienda que hace años le fabricó la Junta de Desarrollo Gualey (JUDEGU), en la que una cama destartalada hace juego con más de una docena de recipientes para almacenar agua y un viejo inodoro. Todo en un espacio de unos 20 metros cuadrados.


“Un día la encontré mareada, porque ni siquiera los jarros estaban sucios de agua”, cuenta Marina Doñé, refiriéndose a las duras jornadas de hambre que a diario está sometida Doña Noraima, quien nunca se casó, ni procreó hijos y casi no puede caminar.


Doñé se llevó a la anciana a vivir a su casa, luego que ésta se fracturase un pie mientras bajaba las empinadas escalinatas por las que hay que descender para llegar hasta la casucha.


Sin embargo, sólo la pudo alojar bajo su techo por unos seis meses -relata Doñé-, pues los RD$ 4, 000 pesos mensuales que gana en un pequeño comedor, apenas le alcanza para mantener a sus cinco hijos.


“Los vecinos le damos la mano, hay una vecina ahí arriba que también le baja su chin de comida”, explica Doñé mientras Doña Noraima observa y se ríe. “Ya la entendemos, sé lo que le gusta comer”, dice la vecina.


La presidenta de JUDEGU, Arelis Morán, aseguró que presentó el caso al Consejo Nacional de la Persona Envejeciente (CONAPE) hace dos meses y le habían comunicado que la ubicarían en un asilo en Boca Chica, pero hasta el momento no ha tenido respuestas que ayuden a resolver la situación de Doña Noraima.


“Donde quiera que me la lleven, yo voy a verla, porque yo a ella la quiero mucho”, manifestó con lágrimas en los ojos Doñé, quien también pidió que la mujer de 80 años sea trasladada a un lugar donde reciba atenciones especializadas, además de una buena alimentación.