Mujeres


Ni son fruto de un trauma infantil, ni del abuso sexual o, mucho menos, de una patología psíquica relacionada con el sexo.


Las protagonistas de las películas pornográficas sólo cuentan con una característica común que las diferencia del resto de mujeres: disfrutan más de las relaciones sexuales.


Esta es una de las conclusiones que pueden extraerse del mayor estudio realizado hasta la fecha con actrices porno profesionales.


La investigación, publicada por un grupo de psicólogas de la Universidad de Texas en el Journal of Sex Research, fue llevada a cabo gracias a la colaboración de una clínica pionera en la prevención de ETS entre profesionales del sexo. Cerca de 200 actrices participaron en el estudio.


Uno de los principales mitos que derrumba la investigación es la tan recurrente explicación de que las profesionales del porno son víctimas de un abuso sexual en su niñez o adolescencia.


Al comparar el porcentaje de aquellas que sufrieron algún tipo de abuso no se encontraron diferencias significativas con las cifras reportadas por el grupo de control.


Bien es cierto que no son pocas las actrices que han fomentado este mito, reconociendo en sus autobiografías que habían sido influidas por traumáticas experiencias sexuales (como Shelley Lubben, Jenna Jameson y Traci Lords), pero a la luz de las estadísticas se trata de casos aislados.


Como concluyen las autoras, “la incidencia del abuso sexual durante la infancia entre las actrices porno se encuentra en el mismo rango promedio que el de la población en general”.


Hipersexualidad femenina, la clave
Las principales razones que llevan a estas mujeres a decantarse por el porno tienen que ver con su afán por ganar dinero, disponer de horarios flexibles y alimentar su ego un tanto narcisista, pues suele gustarles el exhibicionismo.


Unas conductas no demasiado alejadas de las del resto de la sociedad, en líneas generales. Eso sí, exceptuando que disfrutan del sexo más que la media.


La lectura del estudio aportada por el sexólogo Michael Castleman es que la mayoría de estas mujeres podrían ser hipersexuales. Una suerte de adicción al sexo que, según un estudio publicado en el Journal of Sexual Medicine, afecta a tres de cada cien mujeres.


Sin embargo, Castleman rehúye de calificar la hipersexualidad femenina como una adicción, y se limita a destacar que simplemente son personas capaces de obtener una mayor satisfacción sexual que la media.


De hecho, a la hora de analizar la hipersexualidad, el primer problema con el que se encuentran los investigadores es la propia definición del término.


¿En cuestión de actividad sexual qué es lo normal y qué lo patológico? ¿Cómo se establece la frontera a partir de la cual se sobrepasan dichos límites?


En realidad, se trata de una cuestión personal, sobre la que no se puede generalizar, ni siquiera en lo referente a los efectos psicológicos que puede ocasionar. Sin embargo, lo que sí está claro para los psicólogos es que cuando el sexo nos maneja a nosotros, y no al revés, nos encontramos ante un problema. Una duda que las autoras del estudio han dejado sin resolver.


Diferentes hitos biográficos


Lo que sí han resuelto las psicólogas, y este es el segundo mito que desmonta la investigación, es que entre las actrices porno no se reportan problemas de salud mental más elevados que el resto de población.


Una vez más, la única diferencia psicológica tiene que ver con el deseo sexual, lo que sí se explicita en diferentes hitos biográficos:


-Su primera relación sexual se produce a los 16 años. En cambio, las participantes en el grupo de control perdieron su virginidad, de media, un año más tarde.


-Tienen una media de 9,6 parejas a lo largo de su vida. En el grupo de control esta cantidad se reduce a 1,5.


-Mantienen relaciones sexuales (fuera de cámara) con una media de 74,8 personas diferentes. Para el grupo de control, el número de personas diferentes con el que se han acostado es de 5,2.