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El Estado Islámico (EI), la organización fundamentalista suní que controla algunos territorios en Irak y Siria, ha decapitado a tres occidentales en menos de un mes. Los primeros fueron los periodistas estadounidenses James Foley y Steven Sotloff.


El tercero es David Haines, un británico secuestrado en marzo de 2013 en la frontera entre Siria y Turquía, cuando colaboraba con la Agencia de Cooperación Técnica y Desarrollo (Acted) de Francia.


La brutal decapitación del británico obedece a la estrategia del EI: aterrorizar a las potencias occidentales, amenazar con seguir matando a sus ciudadanos secuestrados, para que estas se abstengan de participar en la operación internacional que buscará contener el avance de los fundamentalistas.


“Quiero decir que considero a David Cameron el responsable de mi ejecución”, dice Haines en el video de su propia decapitación, que al igual que los de Foley y Sotloff, fue difundido a través de internet. Haines añade que la razón de su ejecución es la participación del Reino Unido en la coalición impulsada por los estadounidenses. Y su verdugo advierte que la “alianza con Estados Unidos” solo llevará a Cameron “y a su gente” a “otra guerra sangrienta e imposible de ganar”.


A pesar de la consternación internacional que generan las imágenes de civiles decapitados, la coalición que realizará esta versión de la “guerra contra el terror” ya no tiene marcha atrás. El Reino Unido, tras un intenso debate interno, se ha sumado al operativo militar liderado por EE.UU.


Al gobierno de David Cameron le preocupan, además de los británicos secuestrados, todos los que deciden adherir a las filas del EI y que, una vez terminada la guerra, representarían una amenaza cuando regresen a casa influenciados por ideas extremistas y antioccidentales.


Hoy, en París, se reúnen entre 25 y 30 países, para organizar las funciones de cada uno en el operativo. Allí estará el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, quien en un viaje por Oriente Medio logró acordar con diez países árabes, más Turquía, su participación en una estrategia global para enfrentar el terrorismo en el mundo y especialmente erradicar al EI en Irak y Siria.


Estados Unidos ya puso en marcha los enfrentamientos. Bombardea posiciones del EI en Irak casi todos los días desde el 8 de agosto, en el marco de operaciones para ayudar a las fuerzas oficiales iraquíes y a los combatientes kurdos a recuperar territorios en los que ha incursionado el ejército fundamentalista. Además, la semana pasada, Obama autorizó ataques aéreos en Siria, donde están los principales bastiones del EI.


La primera fase de la estrategia internacional consistirá en extender esos bombardeos selectivos a Siria y armar y entrenar a los rebeldes sirios moderados. El apoyo a la oposición moderada también podría llevar, en últimas, a derrocar el gobierno de Bashar al Asad.


Por eso, las autoridades sirias han advertido a EE.UU. que considerarán una agresión cualquier intervención en su territorio sin su permiso. No obstante, Kerry reiteró que Washington no coordinará con Damasco los eventuales ataques.