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Los libreros se arriesgan cada año escolar a perder miles de pesos al comprar libros que luego no venden en su totalidad.


Mientras, las grandes tiendas tienen contratos con las editoras que les permite devolver los textos que no venden y los colegios los ofertan en un paquete, los libreros no tienen esa opción.


“Las editoras le dan los libros a las tiendas grandes en consignación y ellos se los devuelven cuando se acaba el año, en octubre.


A los colegios también se los dan con consignación; los libreros, en cambio, debemos de buscar nuestro capital para comprar los libros y los que se nos quedan, se nos quedan”, afirmó Samuel Fersobe, administrador de la librería Fersobe ubicada en la avenida Mella.


El empresario considera que ese tipo de negocio “desleal” ha reducido considerablemente los ingresos de los libreros, porque en varias ocasiones el capital se pierde y con los cambios de edición de los textos se ven obligados a donar los que compraron.


Sostuvo que los únicos libreros que se han salvado son los que cambian libros usados por nuevos, pero a los tradicionales que solo ofertan textos nuevos, el negocio les deja pérdidas.