popeye


Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias “Popeye”, desapareció de la faz de la tierra. Al menos de forma pública, ya que las autoridades tienen bien vigilado al ex jefe de sicarios de Pablo Escobar, el capo narco que atemorizó a toda Colombia.


El hombre fue liberado el martes por la noche, tras completar 24 años de condena. Los 16 restantes los cumplirá en libertad condicional.


El periódico colombiano El Tiempo reveló detalles de los primeros momentos de “Popeye” fuera de las rejas. Vestido con un jean azul desteñido, tenis y un buzo de algodón, fue recibido en uno de los ocho patios que tiene el centro carcelario de Cómbita, en Boyacá, por los agentes que lo custodiarían hasta su traslado a Bogotá.


Velásquez no llevaba maletas; su única posesión era el estuche de sus gafas. “Gracias”, fue su primera palabra tras abandonar la prisión. De acuerdo con los testigos, ”Popeye” -acusado de participar en el homicidio de 3.000 personas y mano derecha de Escobar- estaba nervioso.


Cuentan que confesó que le daba “susto enfrentarse a la selva de concreto” y a su nueva vida. También aseguró que haber pagado sus crímenes con cárcel y recobrar la libertad le permite afirmar que ”delinquir no paga”, y adelantó que podría pedir apoyo a organizaciones para hacer una campaña de concientización con esa consigna.


“Popeye” fue llevado en una camioneta azul oscura. Para evitar que lo siguieran los medios de comunicación hasta su paradero final, lo dejaron en un parque, a donde lo fueron a buscar a la medianoche.


Allí firmó un acta en la que decía que los custodios del Estado lo “entregaban” en buenas condiciones. Un hombre desconocido, que lo saludó con efusividad, se lo llevó en un Audi negro. Y eso es lo último que se supo de él.


Las últimas horas en prisión


De acuerdo con la revista Semana, “Popeye” había estado alojado en el Pabellón de Recepciones, el lugar de llegada de los presos de máxima seguridad. Pasaba las horas hablando con los guardias y con las trabajadoras sociales. Velásquez, de 52 años, también obtuvo rebajas por estudio y trabajo en la prisión.


El mismo semanario agrega que quien quisiera acercársele debía pasar por cinco puestos de seguridad con escáneres, sentarse en una silla eléctrica que detecta metales y dejar joyas, relojes, correas y dinero.