barbie


La vemos en la tienda, está en las redes sociales y aparece en televisión. Pero no hay que irse tan lejos si consideramos que, con gran probabilidad, pasó alguna vez por tu casa. Puede que aún permanezca en la mente de tu hija.


Cientos de millones de personas han sido testigos de la trascendencia de Barbie desde que fue presentada en la Feria Internacional del Juguete en Nueva York durante el 1959.


Hoy, 55 años después, todavía es considerada uno de los íconos más influyentes de la cultura popular.


En Facebook, 12 millones de cibernautas la siguen. Cada tres segundos, una versión de la muñeca es vendida en alguna parte del mundo, según el portal de la compañía.


A pesar de su impacto en el mercado, el producto de Mattel ha sido criticado por investigadores, profesionales de la salud, académicos y padres de distintas culturas. Hay quienes piensan que Barbie tiene un efecto negativo en la sociedad y en el desarrollo de los niños.


Realidad y fantasía


Gran parte de la polémica gira en torno a la creencia de que su plástica realidad promueve una imagen distorsionada del cuerpo.


Aquellos preocupados se han planteado la siguiente pregunta: ¿cómo sería una mujer si tuviera las medidas de Barbie? Fue precisamente la interrogante que contestó el Hospital Central de la Universidad de Finlandia cuando reveló que, en escala humana, la fémina pesaría 110 libras con estatura de 5’9’’ y cintura de 18 pulgadas. El estudio también concluyó que a la mujer le faltaría entre 17 y 22 por ciento de grasa corporal para poder menstruar.


Aunque alarmante, en los pasados años, personas de distintas nacionalidades han capturado la atención mediática por su meta de imitar el juguete. Una de ellas es la joven ucraniana Valeria Lukyanova, quien se autoproclama la “Barbie Humana” y tiene poco más de un millón de seguidores en Facebook.


Algunos médicos lo llaman el síndrome Barbie, a pesar de que no todos los casos son protagonizados por mujeres. El año pasado, por ejemplo, Justin Jedlica alegó haber invertido unos $100 mil en 90 cirugías plásticas para verse como Ken.


“Nos alimentan, desde muy temprana edad, que esto es el paradigma de lo que es ser hermoso”, dijo el estadounidense de 34 años en el programa “Inside Edition”.


Pero no queda ahí. Entre los estudiosos del tema sobresale la crítica de que Barbie -rubia, blanca y con facciones perfiladas- promueve un ideal de la belleza que es difícil de alcanzar en vida real.


A eso se suma el hecho de que algunos consideran que la muñeca podría fomentar una imagen sexualizada porque, aunque fue creada para la recreación infantil, su prototipo imita el cuerpo de una mujer adulta. Dicha noción suele estar acompañada de otra crítica: Barbie es presentada como un personaje adinerado que cambia de ropa, accesorios, casa y profesión cada vez que quiere.


“Enfoca actividades que presentan la atracción sexual como llave a la popularidad y, por ende, a la felicidad. Emite el mensaje de que una mujer nunca puede ser demasiado rica o delgada. Barbie comunica, simbólicamente a los niños y adultos, las medidas del éxito en la América moderna: riqueza, belleza, popularidad”, señaló la investigadora Marilyn Ferris Motz en su ensayo “Seen Through Rose-Tinted Glasses: The Barbie Doll in American Society”.


Rubén Dávila, quien ha investigado el tema durante los pasados cinco años, ha recopilado unos dos mil testimonios de jóvenes boricuas sobre sus recuerdos jugando con Barbie. Con su estudio, el profesor notó que “la niña que juega con Barbie va a meterse (metafóricamente) dentro de la muñeca” mientras “le toma la mano y empieza a fingir su voz” porque, según explica, “se suspende la vida real para entrar a la fantasía creativa”.


Señala que, dentro de ese “juego”, ciertas características del juguete van filtrándose en la mente de muchas niñas. “Ella es una imagen narcisista. Es una consumidora compulsiva, obsesiva. Su interés es sobre la satisfacción de sí misma y su carisma está centrado en ella misma. Barbie no es heroica; es célebre”, analiza Dávila.


Sin embargo, determinó que la interacción con este juguete revela mucho, tanto de la persona que la rechaza como del sujeto que la acepta. “Barbie puede servir de proyección para la empática que la quiere como para la antipática, aunque la niña esté en contra de ella porque le parezca una estúpida, buena para nada”, indica quien ha ofrecido un curso de la muñeca en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.


De hecho, el académico observó una tendencia de “no ver al (muñeco) Ken (comercializado como la pareja de Barbie) como un novio ideal, sino como un bobo que hay que castigar porque es un estúpido”. A su entender, esto representa unas de las primeras manifestaciones de “rebeldía y coraje (que las niñas sienten) hacia el sexo opuesto”.


Revelando otras expresiones de rechazo, un estudio de la Universidad de Bath reveló en el 2005 que niñas entre los 7 y 11 años expresan antipatía hacia Barbie al decapitarla, quemarle el pelo y derretirla en el microondas porque terminan viéndola como algo “desechable”.


Objeto de la prohibición


Toda esa controversia ha llegado a foros legales de distintas partes del mundo.


En Arabia Saudita durante el 2003, el gobierno prohibió la venta de Barbie al considerarla un “peligroso símbolo de una decadencia perversa”. Hace dos años, Irán hizo lo mismo cuando cerró todas las tiendas que vendían el juguete en ese país porque representaba supuestamente “consecuencias destructivas de la cultura y la sociedad”.


Por otro lado, en el estado de Virginia, el legislador demócrata Jeff Eldridge propuso el Barbie Ban Bill durante el 2009. Alegó entonces que la muñeca estaba promoviendo un detrimento en el desarrollo emocional e intelectual de las niñas.


Los diseños derivados de la muñeca tampoco se han librado de la polémica. Miles rechazaron la línea de tatuajes que Mattel lanzó en el 2009, mientras que el Teen Talk Barbie fue rechazado porque decía frases como “¿Tendremos alguna vez suficiente ropa?”.


Otros han alegado que este juguete propicia el racismo, como ocurrió en el 1967 cuando surgió su amiga Francie, considerada “la primera Barbie negra”.


Según la crítica, este modelo de la línea tenía piel oscura, pero facciones caucásicas. Más adelante, en el 1997, Mattel lanzó la Oreo Fun Barbie y algunos opinaron que la empresa estaba describiendo a personas de raza negra que se comportan como blancos.


La polémica se ha centrado igualmente en las personas discapacitadas. Por ejemplo, la versión Share a Smile Becky fue vendida en una silla de ruedas, pero Mattel tuvo que rediseñarla luego de que Kjersti Johnson -una adolescente de Washington con perlesía cerebral- apuntara que la muñeca no cabía en el ascensor de la mansión de Barbie.


Pero la indignación estuvo aún más latente en el 1963, cuando la compañía mercadeó a Midge Hadley como la amiga embarazada de Barbie. Durante esa década, la muñeca Skipper desató molestia porque imitaba el crecimiento de senos, a pesar de que Mattel trababa de explicar la pubertad y de borrar la imagen sexualizada de Barbie.


El tiro le salió por la culata. Todavía en el 2010, el FBI intervino para advertir que había un riesgo de pornografía infantil con la Barbie Video Girl, que grababa vídeos de hasta 30 minutos con una cámara ubicada en su pecho.


Esas opiniones encontradas se han debatido en la corte. Cuando Nissan presentó un comercial en 1997 con personajes similares a Barbie y Ken (algo que la compañía negó), Mattel alegó “daños irreparables”, aunque las partes terminaron transando fuera de corte.


De otro lado, la propietaria de la muñeca demandó a MCA Records en el 2002 luego de que el grupo Acqua lanzara la canción “Barbie Girl”. El juez falló que se trataba de “una parodia y un comentario social”.


Sin embargo, la pugna legal más significativa comenzó en el 2005, cuando MGA Entertainment (creadora de las Bratz) demandó a Mattel por crear una línea similar a sus muñecas.


Entre demandas, contrademandas y apelaciones, las partes todavía protagonizan un multimillonario litigio que incluye alegaciones de violación de secretos de negocio y espionaje corporativo.


El verdadero problema


No cabe duda de que esta figura ha protagonizado un enredo de controversia, pero la psicóloga clínica Angie Vázquez subraya que la culpa, en realidad, no la tiene Barbie.


Reconoce que “las muñecas ayudan a que los niños trabajen las capacidades simbólicas” y destaca que “el juego es una actividad natural para aprender”.


En esa línea, rechaza el hecho de que Barbie “es el prototipo de juguete infantil que proyecta una imagen idealizada de la mujer adulta”. Sin embargo, enfatiza que “no se puede demonizar porque se trata de un objeto inanimado”.


“La muñeca sí es una representación de prejuicios, pero tiene que ir acompañada de cómo la familia enseña a jugar con ella. Cuando los estilos de crianza de la familia van dirigidos a establecer unos estereotipos, incluso de perfección, (esto) influye en el aspecto de la personalidad y puede provocar serios problemas”, menciona la profesora de la Universidad Interamericana y especialista en psicología comunitaria.


Entonces todavía alarman las palabras que Ruth Handler, creadora de Barbie, pronunció en el 1964. “Los padres nos agradecen por los valores educativos en el mundo de Barbie. Dicen que (sin ella) nunca hubiesen podido tener a sus hijas bien arregladas”, expuso ese año en el artículo “Barbie is a Million-Dollar Doll”, publicado en el Post. “Estas muñecas se convierten en una extensión de los sueños de lo que cada niño quiere ser”.


Dicen que soñar no cuesta nada, pero cuando esos sueños están anclados exclusivamente en una vida rosa, el costo puede ser muy grande. La vida plástica, no siempre es fantástica.