Motin


Al menos cuatro presos han muerto, dos de ellos tras ser decapitados, tras el estallido de un motín en una prisión de la localidad brasileña de Cascavel, en el estado de Paraná, el domingo pasado.


Dos guardias han sido tomados como rehenes por los amotinados, que suman alrededor de 800 de los 1.040 presos.


Las autoridades han retomado este lunes las negociaciones en busca de poner fin a la revuelta, en la Penitenciaría Estatal, donde solo un 40% de las instalaciones están bajo control de las autoridades según fuentes oficiales de France Presse.


La rebelión comenzó hacia las 7.00 hora local (10.00 GMT) del domingo durante la entrega del desayuno. El diario O Globo especifica que una puerta de una celda de la novena galería fue serrada, posibilitando la entrada incontrolada de reos.


La Policía ha cercado el centro carcelario y ha cortado el suministro de agua y electricidad, según informa una portavoz judicial estatal a France Presse. El sindicato de la prisión ha apuntado a que la falta de financiación ha precipitado la revuelta.


“Los prisioneros dicen que la comida es mala y que no hay abogados para trabajar en sus juicios. Carecen de materiales básicos de higiene y hay pocos agentes carcelarios. Todos estos factores combinados suponían una tragedia a punto de ocurrir”, reza un comunicado.


Los amotinados decapitaron a al menos dos de los presos, uno de ellos un expolicía, y arrojaron a tres personas desde el tejado de uno de los pabellones de presidio, a una altura de 15 metros, cuyo estado de salud es desconocido, según informa el Departamento Penitenciario de Paraná (Depen) en un comunicado.


Jairo Ferreira, abogado del sindicato de la prisión, ha afirmado que los agentes penitenciarios rehenes están siendo sometidos a tortura psicológica con la cabeza decapitada de uno de los presos.


Con unos 548.000 presos, Brasil cuenta con la cuarta mayor población reclusa en el mundo (después de EE UU, Rusia y China), según el índice del Centro Internacional para los Estudios de Prisiones. La organización Conectas detalla que hay necesidad de 207.000 plazas más para prevenir hacinamiento.


En mayo, varios presos de una prisión de máxima seguridad en el noreste del país tomó como rehenes a cuatro guardas y a más de 100 visitantes. La liberación fue negociada horas después a cambio de la transferencia de 16 reos a otros penales.


A principios de año, la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, hizo un llamamiento para investigar el alto número de muertes violentas en las prisiones brasileñas.


A finales de 2013 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA), pidió una solución para acabar con los problemas de sobrepoblación, malos tratos e insalubridad en Pedrinhas y en el presidio céntrico de Porto Alegre, en Rio Grande do Sul, donde 4.591 detenidos ocupan el espacio destinado a 1.984 personas.