pierde las manos por una cirujia hecha en casa


Apryl Brown recuerda estar acostada en la cama del hospital cuando el doctor pronunció aquellas palabras. Una sensación de alivio le sobrevino.


“No pensé en perder a mis hijos. No pensé en dejar a mi madre”, dijo. En cambio, pensó en cómo se sentiría la muerte. “Aunque estaré muerta, ya no tendré dolor”.


Ese agudo dolor venía de una fuente inimaginable: un relleno de silicona, como el que Brown asumió que los cirujanos plásticos usan diariamente. El suyo se lo inyectaron en los glúteos, con la esperanza de mejorar su apariencia.


Brown nunca predijo que las inyecciones la llevarían a este punto: se encontraba al borde de la muerte en una cama de hospital en junio de 2010.


Su cuerpo estaba colapsando por una infección de estafilococo que los doctores dijeron estaba relacionada a las inyecciones de silicona. Sus extremidades se estaban inflamando y adquiriendo un color negro, los signos visibles de necrosis. Brown recordó ver sus manos en el hospital y pensar “Oh, Dios mío. Voy a perder mis manos. Vi mis pies, y también estaban muertos”.


Los doctores no tenían opción. Para salvar la vida de Brown, amputaron sus manos, pies y la carne alrededor de sus glúteos y caderas en 27 intervenciones. De alguna manera, sobrevivió.Brown todavía se avergüenza cuando habla de la vanidad que casi le cuesta todo.