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En República Dominicana, de cada mil madres, 98 son adolescentes o menores de edad. El resultado coloca a este país en el quinto lugar en la región entre los que tienen el mayor número de embarazos precoces.


Las estadísticas son tan alarmantes que no se tiene que esperar que una niña resulte embarazada para movilizar a la opinión pública.


Son múltiples las razones de esos embarazos, en la inmensa mayoría no deseados. Van desde violaciones hasta consentimiento derivado de la falta de experiencia, necesidades económicas o por crisis familiares.


Pero que miles de jóvenes entre 13 y 17 años de edad den a luz anualmente es un drama realmente espantoso. Sobre todo cuando por la llegada de una criatura esas muchachas tienen que abandonar los estudios y en otras ocasiones trillar un destino incierto, cuando no azaroso.


Los muñecos que se han adquirido para prevenir los embarazos distan mucho de la solución para disuadir relaciones sexuales sin la debida preparación. Hay que pensar en políticas de más calado.