muchos perros


Imagina cómo sería vivir solo, en una casa grande, sucia, sin muebles, y llena de perros y sus excrementos por todas partes. Más aún, figura clamar por ayuda de quien se supone deba auxiliarte y no recibir respuesta.


Ese precisamente es el caso de una mujer residente en Vega Alta, Puerto Rico y cuyo nombre, por el momento, no será revelado. Esta señora convive con más de 200 perros bajo hacinamiento, casi todos enfermos por falta de higiene, en el barrio Maricao del mencionado municipio.


La Oficial Investigadora de Crueldad Animal, Angélica Mejías, denunció en exclusiva a ELNUEVODIA.COM a través de Caza Noticias que el pasado 14 de abril acudió junto a varios agentes de la Policía municipal de Vega Alta y voluntarios de la organización sin fines de lucro Unión Pro Animales Abandonados (UPAA) de Vega Baja a la residencia de esta mujer.


Allí descubrieron una escena de horror.


“La casa donde vive esta señora tiene sus paredes negras (por excremento de perros), todos los animales tienen problemas de piel, alergias o algo así. Los alrededores se ven limpios porque todos los perros están dentro de la casa”, explicó Mejías y añadió que visitaron la casa luego que la señora les pidiera ayuda ante la supuesta inacción de la Oficina Municipal de Manejo de Emergencias (OMME).


“La dueña de la casa alega que la gente le abandona animales frente a su casa; que ella llama a Manejo de Emergencias para que se los lleven pero el sistema no responde”, indicó Mejías. A juicio de la oficial y rescatista, así como de otros agentes entrevistados que visitaron la residencia, la dueña de la casa padece de sus facultades mentales.


Tras esa visita de orientación, Mejías regresó con los agentes y voluntarios el 18 de abril para remover 39 perros, que luego se convirtieron en 49 debido a que nacieron algunas camadas. La organización UPAA se encargó de costear la asistencia veterinaria para esos canes. Muchos murieron por distintas enfermedades, otros fueron enviados a Estados Unidos para adopción y otros pocos aún permanecen en hogares temporeros esperando ser adoptados aquí en la Isla.