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SAN JOSÉ DE LAS FLORES, Guatemala — Gilberto Ramos quería dejar su frío pueblo de la montaña para ir a Estados Unidos, trabajar y ganar dinero para pagar un tratamiento contra la epilepsia que padece su mamá.


Su madre le rogó que no fuera. “Mi hijo me decía que se iba para ayudarme a curar mi enfermedad, pero yo le decía no te vas hijo”, dijo Cipriana Juárez Díaz entre lágrimas en una entrevista con The Associated Press.


“Yo no quería que se fuera porque con él tenía yo consuelo”, dijo. Como no logró convencerlo, lo cubrió con un rosario blanco que le garantizara un viaje seguro a través de la frontera.


Un mes más tarde, su cuerpo en descomposición fue encontrado en el desierto de Texas. El niño ahora se ha convertido en un símbolo de los peligros que enfrentan un éxodo de niños solos que cruzan la frontera ilegalmente con Estados Unidos provenientes de Centroamérica.