Imagina esta escena: te levantas para ir trabajar, pero en lugar de vestirte con ropa normal, te pones un traje de buzo y al abrir la puerta, lo que te espera es el fondo del mar.


Así fueron los 31 días que Fabien Cousteau permaneció en el laboratorio submarino Aquarius, el único del mundo, superando a su abuelo en el tiempo pasado bajo el agua.


Cousteau vivió en su hogar submarino junto a otros dos científicos como parte de la Misión 31, que duró solo un día más que la aventura subacuática que la inspiró, aquella comandada por el famoso oceanógrafo Jacques-Yves Cousteau en el Mar Rojo en 1963.


Por lo tanto, levantarse, ponerse el traje de buzo y salir al océano fue algo que el joven Cousteau hizo cada día durante un mes.


“Nuestra rutina diaria comenzaba a las 5, 5.30 de la mañana, buceábamos de tres a cuatro horas en la mañana, tomábamos un descanso, y nos comunicábamos por Skype, hablábamos con la prensa, hacíamos algo de trabajo, y volvíamos a bucear a mediodía por otras tres horas”


“Otro descanso a la tarde para más experimentos de laboratorio y finalmente otra sesión de buceo al atardecer por otras tres horas para estudiar la flora y la fauna del lecho marino a la noche.


Al final del día, nos íbamos a la cama como a las 11 de la noche”, dijo el submarinista. Y así dormían, rodeados por el mar nocturno poblado de meros gigantes, barracudas, tiburones y toda clase de criaturas submarinas que podían ver desde sus ventanas.