Aquí, cuando la tierra está muy seca, los vientos pueden arrancar dos centímetros de suelo valioso en solo 24 horas, un suelo fértil que ha necesitado siglos para formarse.


Durante los años más áridos, cada acre de tierra cultivable puede perder hasta 70 toneladas de suelo y entonces, donde sea que caiga el polvo, puede asfixiar los cultivos sobre los que se deposita.


En la región de Oklahoma Penhandle, la más remota área del estado, las lluvias recientes han sido tan escasas que han despertado los temores de que puedan volver las escenas apocalípticas del llamado “Dust Bowl” (cuenco de polvo) de la deácada de 1930.


En aquel entonces, colapsó la agricultura y miles de personas se marcharon.


Millard Fowler, de 101 años y superviviente de esa época, recuerda haber buscado refugio ante las “arrolladoras nubes negras” del Dust Bowl y reconoce condiciones similares este año.


“Alguien me preguntó si las tormentas de polvo ocurrirían otra vez y yo dije ‘ya lo han hecho'”. “Hemos tenido tormentas de polvo bastante buenas esta primavera”.