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Un juez federal en California, Estados Unidos, declaró inconstitucional la pena de muerte este miércoles.


El juez Cormac J. Carney, de la Corte Central de Distrito de Estados Unidos en California, revocó la sentencia de muerte de un hombre llamado Ernest D. Jones.


La autoridad estableció que: “permitir que este sistema continúe amenazando la vida del señor Jones con la remota posibilidad de muerte, casi una generación después de que fuera sentenciado, viola el Artículo Octavo de la Constitución de Estados Unidos que prohíbe imponer castigos crueles e inusuales”.


Carney denominó como “disfuncional” el sistema de pena de muerte del estado.


Desde 1978, más de 900 personas en el estado han sido sentenciadas a la pena de muerte; los sentenciados pasan 23 horas solos en sus celdas antes de ser ejecutados.


Hasta ahora, solamente 13 de los sentenciados han cumplido su condena; 94 han fallecido por muerte natural y otras causas. Carney dijo que un 40% han estado condenados a muerte por más de 19 años.


California estableció una moratoria a la pena de muerte en 2006 y no ha ejecutado a ninguna persona desde entonces. Actualmente, hay 748 personas que recibieron esta condena.


Carney escribió que el sistema es uno “en el que factores arbitrarios, en lugar de legítimos como la naturaleza del crimen o la fecha de la sentencia de muerte, determina si un individuo será en verdad ejecutado”.


Se espera que este caso sea apelado por los fiscales en el Noveno Circuito de la Corte de Apelaciones de Estados Unidos, indicó el analista legal de CNN, Mark Geragos.


CNN llamó a la oficina del Fiscal General de California, Kamala Harris, para conocer sus comentarios pero no obtuvo una respuesta inmediata.


Jones fue juzgado y recibió su sentencia de muerte en un momento en el que la atención del mundo estaba enfocada en otro caso que se registró en el mismo piso de la corte de Los Ángeles -el juicio del exjugador de la NFL, O.J. Simpson.


El hombre fue condenado y sentenciado a muerte por violar y matar a la madre de su novia, Julia Miller, una contadora de la industria de la defensa de 50 años. Durante su juicio, Jones fue exhibido como producto de un hogar quebrantado con padres alcohólicos.


Una tía describió su infancia como “un infierno viviente”. Jones creció en la pobreza; sus padres se drogaban delante de sus hijos y peleaban. Su madre lo golpeaba a él y a sus hermanos, lo que derivó en un hábito de drogas, que incluía marihuana y cocaína.


En su defensa, el hombre le dijo a la corte que había escuchado voces y experimentado flashbacks durante un año antes de su asesinato.


Él hombre dijo que la víctima lo confrontó por el trato que le daba a su novia y le apuntó con un rifle, lo que provocó que Jones respondiera de manera violenta, al recordarle de los incidentes que sufrió de niño, según estableció la Suprema Corte en una opinión que respaldaba su sentencia.


Los registros de la corte indican que Jones había estado varios años en prisión por violar a la madre de una de sus exnovias. La Suprema Corte de California ratificó la sentencia del hombre en 2003, por asesinato en primer grado y violación.