9330584c0477bc0a5679185617f80210_300x226Los expertos alertan del riesgo de desvirtuar las relaciones cara a cara, por un exceso de conexión a estas plataformas sociales.


El ser humano nunca había estado tan conectado y a la vez tan solo. Los expertos apuntan que aplicaciones como WhatsApp o Facebook están mermando la intensidad de las relaciones personales, a la vez que ponen en peligro a una nueva generación que va camino de olvidar el arte de la conversación.


La autora del bestseller Alone Together (Juntos en soledad) lleva años investigando cómo la sociedad estadounidense se relaciona con las nuevas tecnologías, y ha observado que cada vez son más los jóvenes que sienten ansiedad cuando no tienen su teléfono móvil, pues han aprendido a compartir cómo se sienten las 24 horas del día.


“Hay tres grandes fantasías que nos brinda la tecnología: omnipresencia, atención 24 horas y la sensación de no estar solos”, relata en su conferencia la investigadora Sherry Turkle, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, al asegurar que estas fantasías provocan que las personas “acaben esperando más de la tecnología y menos de los demás”. Turkle considera que, a pesar de las infinitas posibilidades que brinda la tecnología, ésta acaba erosionando la capacidad para estar solos, de tal forma que “buscamos a los demás únicamente para no estar solos, no para crear lazos verdaderos”.


La posibilidad de estar en varios lugares a la vez gracias a la tecnología se produce en un espacio que paradójicamente ha sido apodado como el “no lugar” por el antropólogo francés Marc Augé, que usa este término para describir lugares de transitoriedad que no tienen suficiente importancia para ser considerados lugares reales. Este espacio virtual en el que se producen millones de conversaciones al minuto tiende a “minar la intensidad de las relaciones personales”, apunta el sociólogo de la Universidad Complutense Javier de Rivera, que sometió a dos jóvenes a un experimento que consistía en pasar un mes sin WhatsApp ni Facebook.