Imagen promocional de 'El Último Guerrero'.Tirarse a la lona duele. Duele mucho. Porque hay una gran diferencia entre decir que el wrestling es una ‘mentira’ y decir que se trata de un espectáculo deportivo. Coreografiado, guionizado. Pero no falso. Al menos, la lucha libre no es como la magia, que se sabe mentirosa pero guarda las formas por aparentar. Sus protagonistas son profesionales reales con sufrimiento real; y el público lo sabe, no hay dudas. Y no importa.


The Ultimate Warrior (James Brian Hellwig, nacido el 16 de junio de 1959 en Arizona), murió después de regresar por la puerta grande al mundo del entretenimiento deportivo. Durante el fin de semana hizo su última aparición oficial en la WWE -World Wrestling Entertaiment-, la empresa de wrestling más importante del mundo, y todo parecía ir bien. Se le vio cansado, respirando tal vez con dificultad. Pero sereno y en forma. Durante la tarde del martes salió del hotel Gainy Suites de Scottsdale, en Arizona, y se desplomó en el suelo delante de su mujer.


Se desconocen las causas de su muerte pero su nombre se une a una larga lista de luchadores (muchos de ellos conocidos por el público, que ha vivido varias etapas de cierta repercusión televisiva) que han fallecido en circunstancias extrañas. Antes de tiempo, a edades tempranas. Revisen sus recuerdos: André el Gigante, el Poli Loco, British Bulldog, El Cariñoso, Umaga, Eddie Guerrero, Chris Benoit (que se sucidió), Yokozuna… todos fallecieron por problemas de corazón, peso o algún tipo de adicción. Hay otros casos como los de Terremoto Earthquake (cáncer), Owen Hart (cayó mientras entraba al ring en una suerte de tirolina), o Dino Bravo (le dispararon).


Porque la realidad de su trabajo va unida a una preparación física extrema (esteroides, ‘painkillers’, testosterona, nandrolona) y una vida, digamos, complicada (consumo de drogas). La película ‘The Wrestler’ (Darren Aronofsky, 2008) lo explica razonablemente bien. El Último Guerrero (que en realidad debería ser ‘el guerrero definitivo’) siempre ha estado acusado de consumir esteroides y sus constantes cambios de peso y musculatura a lo largo de los años son sospechosos.


El lunes por la noche, Warrior apareció en RAW, el programa de lucha libre con más audiencia de la televisión americana. El sábado fue incluido en el Hall of Fame de la WWE, el mayor reconocimiento en el sector. Sus últimas palabras en público, sobre el ring, fueron las siguientes: “El corazón, un día, golpe a golpe, llega a su fin. Los pulmones suspiran por última vez. Y si lo que el hombre hizo en su vida hace que el pulso de los demás se paralice, entonces su esencia y su espíritu serán inmortalizados por los contadores de historias, por la lealtad, por la memoria de los que le honran”. Muchos creen que era consciente de su frágil salud; la mayoría cree que el destino ha preparado una coincidencia trágica.


El guerrero vivió sus mejores años a finales de los 80, principios de los 90, cuando consiguió varios títulos y protagonizó un mediático combate contra Hulk Hogan, otro héroe global. Su paso después por el mundo del wrestling fue mucho más pobre. Se dedicó a dar charlas sobre deporte (tiene formación en culturismo) y regresó a una federación menor (NWE) por última vez en 2008. Una de sus últimas luchas tuvo lugar en Barcelona el día 25 de junio de aquel año. Su relación con los compañeros y las empresas de lucha libre nunca fue buena y se le acusaba de tener un carácter complicado. La WWE editó incluso un DVD titulado ‘La autodestrucción de Ultimate Warrior’ donde se explicaba su errática carrera.


Lo cierto es que la lucha libre exige una vida de sacrificio para sus protagonistas, atletas de elite más allá de esa idea de deporte falso. Sólo en la WWE hay cinco programas de televisión semanales, varios House Shows, giras no televisadas, giras internacionales, y PPV o grandes eventos una vez al mes, siempre en estadios y estados diferentes de EE.UU. La empresa tiene una política antidroga severa (realizan controles y, si dan positivo, se les suspende durante una temporada)… pero su uso es un hecho más o menos asimilado. De hecho, tienen otro programa que paga la recuperación en clínicas a los luchadores que tengan problemas una vez terminan sus carreras. Hay un caso reciente, el de Jake ‘Snake’ Roberts, que ha sido uno de los últimos luchadores recuperados de su adicción a las drogas. La exigencia es alta pero los beneficios también: recientemente, la revista Forbes incluyó a Vince McMahon en su lista con 2,3 billones de dólares de patrimonio. La audiencia semanal de WWE se estima en 15 millones de espectadores solo en EE.UU.


The Ultimate Warrior, que entraba el ring corriendo, con pinturas tribales y cintas de colores colgando de las botas, es sólo un ejemplo de figura del wrestling controvertida. Otras aprovechan mejor la fama y la exposición mediática: el actor The Rock, wrestler profesional, fue el que más recaudó en taquilla con todas sus películas (Fast&Furious a la cabeza) el pasado año. Otros como Stone Cold, Chris Jericho o John Cena compaginan sus apariciones con el cine o la música. No son puñetazos de mentira, son negocios. Y los recuerdos de infancia de miles de personas.