juanpabloUn triste día de abril de 2011 -cuenta- el neurocirujano Alejandro Vargas le diagnosticó un aneurisma fusiforme en la zona derecha del cerebro: “Mi lado izquierdo se fue paralizando, no podía mover las manos, ni tomar una cuchara o un vaso, todo se me caía”.


Tras varios exámenes, los médicos determinaron que no había nada por hacer y fue enviada a su casa a esperar la muerte.


“Su vida se iba apagando, pero siempre oraba al papa”, dice el padre Sergio, consejero de Floribeth Mora.


Postrada, el 1 de mayo de 2011 siguió por televisión la beatificación del papa polaco. “A las ocho de la mañana del día siguiente escuché esa voz en mi cuarto que me decía: ¡Levántate. no tengas miedo!”.


De aquella revista de Juan Pablo II -dice- vio salir unas manos invitándola a dejar el lecho. “El Señor me quitó el miedo y la agonía, me dio paz y la certeza de que yo estaba sana”, asegura.


En noviembre de 2011 una resonancia magnética “comprobó lo que yo venía diciendo, que estaba sana. Fue obra de Dios”, narra emocionada.


Tres meses después la contactaron del Vaticano, fue llevada a Roma y sometida a exámenes que confirmaron su sanación total. Todo ese tiempo debió guardar silencio.