1397043594_768994_1397057325_miniatura_normalSentados en la terraza de un bar, una pareja ríe. Pero no de lo que se dicen uno a otro. Ríen mientras teclean frenéticamente en las pantallas de sus móviles. No parece importarles que la persona que tienen enfrente esté más interesada en otras conversaciones.


Para los jóvenes españoles —de 16 a 26 años—, la comunicación a través de redes y aplicaciones se ha convertido en fundamental.


Admiten, según un estudio del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud presentado este miércoles, que sin las tecnologías de la información y la comunicación (TICS) se sentirían aislados, en riesgo de exclusión y marginación por parte de sus iguales.


Sienten que tienen que estar permanentemente conectados porque todo pasa en las redes sociales o se gestiona en las mismas. Y reconocen que, aunque Internet les permite mantener el contacto con personas físicamente alejadas, también puede aislarles de su entorno más cercano.


Los adolescentes asumen con naturalidad los riesgos que supone el uso de la tecnología, como la pérdida de intimidad, porque consideran que los beneficios que obtienen compensan los peligros. “Las redes sociales facilitan que las personas más tímidas o inseguras entren en juego”, expone el director técnico de la Fundación de Ayuda a la Drogadicción, Eusebio Megías. “Eliminan la vergüenza y democratizan el flirteo. En las redes sociales, pueden transmitir de forma eficaz diferentes caras de su personalidad, de la misma manera que en el mundo real. El yo online no es menos real que el offline”, concluye.


“Ambos yoes no actúan uno en detrimento del otro, sino como elementos complementarios”, continúa Megías. “Los jóvenes no se relacionan menos por pasar más tiempo en las redes sociales, sino que se relacionan de otra manera”. El lenguaje escrito online (con ayuda del audiovisual y los emoticonos) genera una comunicación más flexible, tendente a la intrascendencia y a la anécdota pero, paradójicamente, también permite la revisión y corrección del mensaje, proyectando una imagen más pausada y consciente de uno mismo, señala el estudio.


Con las redes sociales, las relaciones se hacen más complejas y los jóvenes deben encontrar el equilibrio entre estar siempre presentes y que esa exposición no traspase los límites deseables de uso normalizado, razona el texto. “Los adolescentes aceptan que las redes pueden hacer que uno se sienta más dependiente. Pero es una dependencia que no les preocupa excesivamente porque la consideran propia del tiempo en el que se vive”, sentencia Megías.