Sus dificultades no le impidieron llevar una vida normal, y ser feliz. Duncan nació con malformaciones en sus patas traseras, por lo que su dueña decidió que se las amputaran. Lo que no pudieron quitarle, igualmente, fueron sus ganas de vivir.


Duncan tuvo uno de los momentos más felices de su vida al conocer la playa y el mar. Más allá de sus limitaciones, el animal corre muy rápido; sus dueños aseguran que le molesta la silla de ruedas que usa para movilizare, por lo que lo dejaron moverse libremente entre la arena y el agua.


Como si fuera un chico, el animal no dejó de correr de un lado para el otro, y se divirtió muchísimo.