musdA casi todos los humanos nos gustan la comida y el sexo, dos necesidades básicas para nuestra supervivencia. También suele atraernos en mayor o menor medida el dinero, porque ayuda a satisfacer necesidades como las anteriores. Más misterioso resulta el placer universal que proporciona algo en apariencia tan prescindible como la música.


Por algún motivo que aún se desconoce, la música activa las mismas áreas del cerebro que la comida, el sexo o el dinero, zonas como el núcleo accumbens, relacionadas con el sistema de recompensa que nos inyecta un chute de dopamina ante este tipo de incentivos básicos. Y eso que sin música no se muere.


Tratando de entender por qué nos gusta y cómo nos produce placer, un equipo de investigadores de la Universidad de Barcelona (UB) descubrió que, pese a considerarse un lenguaje universal, hay personas a las que la música no les dice nada. Los científicos habían realizado una encuesta a más de 1.500 personas para analizar en qué medida y por qué nos gusta la música. Así se dieron cuenta de que había un 5% de los participantes a los que la música no les producía ningún tipo de placer.


“Decían que eran indiferentes ante la música, pero no ante otros estímulos como la comida o el sexo”, explica Josep Marco-Pallarés, investigador de la UB y autor principal del estudio. En un principio pensaron que podían tener amusia, un problema perceptivo con la música, pero decidieron hacer un segundo estudio para tratar de descartar esta opción y entender mejor a estas personas inmunes a la música.


En un trabajo que ahora publican en la revista Current Biology, pusieron a prueba las diferentes reacciones de tres grupos de personas ante la música, una de las personas a las que la música les producía una reacción muy intensa, un segundo en el que esa atracción era intermedia y un tercero de personas que afirmaban no sentir nada cuando escuchaban un tema musical. Además de recoger a través de una encuesta su experiencia personal respecto a la música, se puso a prueba su reacción al escuchar piezas musicales midiendo su ritmo cardiaco y la humedad de su piel, dos aspectos útiles para medir la excitación de una persona. Este mismo experimento se repitió, pero midiendo su reacción ante estímulos económicos.


Los resultados confirmaron que las personas que habían afirmado no sentir nada cuando escuchaban temas musicales que le resultaban agradables a la gran mayoría de la gente, tampoco experimentaban ninguna reacción física al oírlos. El estudio comprobó que estas personas no tenían ningún tipo de problema de salud que hubiese trastocado el sistema de recompensas del cerebro. En la prueba que ofrecía dinero como incentivo, su reacción fue normal y afirmaban disfrutar de la comida o el sexo.