proLa reportera de finanzas de la cadena estrella de EE.UU. está desolada. Su exnovio ha subido a internet fotos de ella desnuda. Sus padres y sus miles de fans pueden verlas sólo con buscar su nombre. Esta es la escena de una serie de televisión, pero lo cierto es que ocurre en la realidad y tiene un nombre: porno de venganza.


En Estados Unidos estudian cómo poner freno a esta práctica, que ya es delito en California y Nueva Jersey y podría serlo en pocos días en Maryland si el Senado estatal da luz verde a la ley recién aprobada por la asamblea.


Esta práctica será delito en ese estado siempre que las imágenes se hayan publicado en internet para “causar daño emocional y angustia”, sin el consentimiento del afectado y tras ser tomadas “en circunstancias en las que la otra persona tendría razones para esperar que no saldrían del ámbito privado”, estipula la norma.


“El porno de venganza destroza vidas. Lo hemos visto en las audiencias previas a la elaboración de la ley. Las víctimas, en su mayoría mujeres, narraban cómo las había hundido para siempre”, explicó uno de los impulsores de la norma, el legislador estatal demócrata de Maryland Sam Arora.


“Legislar sobre tecnología e internet siempre es complejo”, admitió, consciente del debate que ha suscitado este tema entre quienes apuestan por convertir la práctica en delito y quienes se oponen a ello en aras de la libertad de expresión. En California ya lo es desde 2013 y en Nueva Jersey desde 2003. Los parlamentos de Nueva York, Illinois y Florida estudian normas en ese sentido y Maryland podría comenzar a penar la práctica en unas semanas con un máximo de dos años de cárcel y una multa de US$5.000.


Este fenómeno cobró repercusión con el nacimiento de páginas web creadas para dar cabida a las imágenes sexuales de venganza y servir así como instrumento y altavoz con el que amantes no correspondidos de todo el mundo podían canalizar su ira de la manera más cruel tras una ruptura no deseada o dolorosa.


En estas redes, que la justicia iba cerrando a medida que las descubría, podían verse imágenes explícitamente sexuales donde no sólo la víctima era reconocible sino que, para más inri, se añadía como pie de foto su nombre completo, su centro de trabajo o incluso su dirección postal y teléfono.


Como resultado de ello, muchas de las víctimas acababan recibiendo llamadas de desconocidos con amenazas e insultos, además de tener que afrontar la humillación de haber sido vistas sin ropa o practicando sexo por sus jefes, sus amigos e incluso sus padres.