violencia-intrafamiliarSanto Domingo-Más de cien feminicidios al año hace que las muertes de mujeres a manos de sus parejas causen cada vez menos revuelo y casi se pierdan entre las noticias trágicas, sobre violencia vinculada a la delincuencia, de cada día. Pero el suicidio de María Strachan Álvarez luego de matar a Pura Santana y herir a Casandra Paredes, de 20 años, y Crisell Rosario, de 23, causó sorpresa ayer.  Se habló de una relación de pareja entre la homicida y una de las víctimas.


Esta vez quien disparó no fue un hombre.  Se trata de una  mujer matando mujeres. Una manifestación distinta de la violencia de género, que también se da, aunque con menos frecuencia, según explican expertas de la conducta. La violencia dentro de una relación amorosa puede darse en la misma magnitud tanto en parejas heterosexuales como homosexuales, debido a que en éstas últimas, uno de sus integrantes siempre desempeña el papel del hombre y el otro de la mujer.


Así lo considera la psicóloga Gloria Peralta, coordinadora de las Casas de Acogida del Ministerio de la Mujer, quien asegura que el comportamiento agresivo también va a depender de la personalidad de cada persona y de cómo se involucren emocionalmente cada uno de los miembros en la relación. En las situaciones de violencia, Peralta refiere también el “apego inseguro”, el cual dice se desarrolla en la persona desde la infancia, la pre adolescencia, la adolescencia hasta la adultez temprana.


“En caso de las lesbianas, ellas se apegan a una pareja y también pueden tener una apego inseguro, sentir que están perdiendo lo único lindo que tienen, lo que consideran de su propiedad, con lo que se sienten bien y seguras. Sienten que están perdiendo todo eso, que se lo están quitando, y esto las lleva a actuar con violencia, igual que como actúan los varones. No es una cuestión solo de pareja, sino de la persona en sí”, indica Peralta.


Mientras que la también psicóloga Heidy Camilo, del Centro Vida y Familia, va más allá y agrega que “como República Dominicana es un país muy conservador y hasta cierto punto homofóbico”, las parejas homosexuales que viven violencia intrafamiliar tienen temor a denunciar a sus agresores, para no ser juzgados o discriminados.


“La fiscalía está abierta a recibir la denuncia. Debido a ese estigma de sentido que viven, el temor a reconocer su sexualidad porque muchas veces se le ridiculiza o se le juzga, no denuncia”, expresa. Camilo dice que entre las parejas homosexuales así como las heterosexuales, la violencia intrafamiliar es vivida de igual manera, al indicar que no se puede hacer una discriminación sobre que “sólo en las parejas heterosexuales  es que se vive violencia”.


“Por estadísticas, vemos que la mujer, en más de un 90 por ciento, es quien denuncia al hombre y es la víctima. Pero, por supuesto, que en las parejas homosexuales se da la violencia intrapareja, en toda la gama: física, emocional, económica, patrimonial, de todo”. En el caso de los servicios sexuales  a cambio de dinero o algún beneficio económico, las dos psicólogas coinciden en que en el país se está dando un proxenetismo, un trabajo sexual básicamente dado por un mercado que va surgiendo por las relaciones entre personas del mismo sexo, con la sola finalidad de obtener algún beneficio económico.


“Se han dado casos de jóvenes que han asesinado a la otra persona con las que ellos sostienen acto sexual, no porque es su pareja, sino por el dinero. Es como las prostitutas, ellas deciden que ese es su trabajo. Estos muchachos deciden por una razón u otra, que también tiene que ver con una formación de los valores en el hogar, que la mejor forma o la más fácil de ganar dinero, es teniendo sexo con otra persona”, asegura Peralta.


Indica que normalmente, los jóvenes que se dedican a este tipo de prostitución vienen de hogares disfuncionales, con un ambiente en el que incluso puede haber drogas y corrupción. Sin embargo, Camilo asegura  que esta tendencia siempre se ha dado en el país, pero que se mantenía oculta y que hasta ahora  la sociedad empieza a reconocerla y a ponerle un nombre.


“Lo que pasa es que por no reconocer verdades y realidades de nuestra sociedad decidimos ponerle un pañito bonito o dejarlo detrás de la puerta  donde nadie lo vea porque es una vergüenza. Nuestras sociedades están pasando a otro nivel, estamos viendo las cosas y poniéndole nombre. Un ejemplo de ello es que muchos padres utilizan a sus hijos adolescentes con un tipo de proxenetismo, donde le dicen que tienen que buscar una persona mayor para que viva de él”, explica Camilo.