0010686950El Santo Padre celebró San Valentín con más de 20.000 enamorados a los que instó a fundar su familia “no sobre la arena de sentimientos que van y vienen sino sobre la roca del amor verdadero, el que viene de Dios”


En la ceremonia, el Papa respondió a preguntas de las jóvenes parejas, originarias de más de 20 países diferentes, que se dieron cita en el Vaticano para festejar por primera vez con el Sumo Pontífice el Día de los Enamorados, por iniciativa del Pontificio Consejo para la Familia.


¿Es posible amarse por siempre?, fue una de las preguntas que Francisco respondió. “Las personas sienten miedo de hacer elecciones definitivas –reflexionó el Papa. Es un miedo general, propio de nuestra cultura. Hoy todo cambia rápidamente, nada dura mucho. Y esto lleva a muchos a decirse ‘estamos juntos mientras dure el amor y luego, saludos, y así termina el amor”. En cambio, agregó, si vemos el amor como una relación, entonces es una realidad que crece que se construye como una casa, de a dos”.


“Queridos jóvenes, ustedes se están preparando para crecer juntos –siguió diciendo-, para construir esta casa donde vivir juntos para siempre, y no quieren fundarla sobe la arena de sentimientos que van y vienen sino sobre la roca del amor verdadero, el que viene de Dios, la familia nace de este proyecto de amor, que se construye como una casa que sea lugar de afecto, ayuda, esperanza y sostén”. “No nos dejemos vencer por la cultura de lo provisorio –exhortó una vez más. ¿Cómo se cura ese miedo al ‘para siempre’? Entregándonos día a día al Señor Jesús en un vida cotidiana hecha de pasos pequeños que llevan a convertirnos en mujeres y hombres maduros en la fe”


“Como multiplicó los panes, Jesús puede multiplicar vuestro amor y entregárselo cada día más fresco y más nuevo”. Fue entonces cuando, parafraseando el Padrenuestro, hizo repetir a los presentes, dos veces, la frase: “Danos hoy nuestro amor cotidiano” “Esta es la oración de los novios y esposos, agregó. Enséñanos a amarnos”.


“El matrimonio es un trabajo cotidiano, artesanal, de orfebrería”, advirtió el Papa. “Porque el marido tiene la tarea de hacer más mujer a la esposa, y la esposa más hombre al marido. Crecer en humanidad, crecer juntos. Esto no viene del aire, el Señor bendice pero viene de nuestras manos, de nuestra forma de amar. De trabajar para que el otro crezca. ¿Vieron cuando la gente dice: ‘miren esa mujer, qué mujer’? Y, se entiende, con el marido que tiene… Y al revés, qué hombre, y claro, con la mujer que tiene… A eso hay que llegar, haciéndose el uno a la otra, más hombre y más mujer”.


Las tres claves del matrimonio, según Francisco


Volvió entonces a un tema recurrente en él: los consejos para que el matrimonio dure: “Vivir juntos es un arte, un camino bello y fascinante, que tiene reglas que pueden resumirse en tres palabras: permiso, gracias, perdón”.


Y pasó entonces a explicar uno por uno cada concepto: “Permiso, ¿puedo?, es el pedido gentil de entrar en la vida de otro con prudencia y respeto. ¿Te parece hacer esto, quieres?… saber entrar con cortesía en la vida del otro. A veces en cambio se usan modos rudos. El amor verdadero no se impone con fiereza y agresividad. Como decía San Francisco de Asís, la cortesía es una de las propiedades de Dios, es hermana de la caridad. La cortesía conserva el amor. En nuestro mundo, frecuentemente arrogante, hace falta mucha cortesía”.


“Gracias, se lo enseñamos a los niños pero luego olvidamos esa palabra. La gratitud es una flor que crece en tierra noble, es necesario nobleza de alma para que crezca esta flor. En la vida matrimonial es importante mantener viva la conciencia de que la otra persona es un don de Dios y a los dones de Dios se los agradece”.


“Perdón, porque todos cometemos errores, equivocaciones, que levante la mano el que nunca se equivocó… -desafió el Papa. El más justo peca 7 veces al día, dice la Biblia. Cuando Dios interpeló a Adán, este le echó la culpa a Eva en vez de reconocer su error. Aprendamos a reconocer nuestros errores y a pedir perdón. Perdón si te alcé la voz, si no te saludé, si estuve muy callado o si hablé de más sin escuchar, perdón porque estaba enojado y me la agarré con vos. Así crece una familia cristiana. No existe la familia perfecta, ni el marido ni la mujer perfectos, ni hablar de la suegra perfecta”, agregó desatando las risas del público.


“No hay que terminar nunca el día sin pedir perdón, sin que la paz vuelva a nuestra familia”, insistió, como ya lo ha hecho en otros encuentros referidos a la familia. “Es habitual discutir entre esposos, quizá voló un plato, pero no hay que terminar el día sin hacer las paces. Es un secreto para conservar el amor”.


Una fiesta cristiana, no mundana


Luego el Papa tuvo también palabras sobre cómo debía ser la fiesta de casamiento: “Que sea una verdadera fiesta cristiana, no mundana. En el evangelio de San Juan, está el relato de las bodas de Caná, donde faltó el vino, y la fiesta parecía arruinada. Sin vino, no hay fiesta. Jesús se revela allí por primera vez, convierte al agua en vino y salva la fiesta. Eso que pasó en Caná pasa en cada matrimonio cristiano. La presencia de Jesús en la fiesta, una fiesta linda con Jesús, no con el Espíritu del mundo. Una fiesta sobria que resalte lo verdaderamente importante. Algunos se ocupan más de los aspectos externos: banquete, vestidos, regalos. Está bien preocuparse por eso, pero sólo si sirve para subrayar el verdadero motivo de festejo. La bendición de Dios sobre vuestro amor”.