amor-quimica-300x150San Valentín es esa fecha en la que celebramos estar enamorados de nuestra pareja. Pero a pesar de que la unión con “esa” persona sea realmente fuerte, la ciencia afirma que el amor es solamente pura química.


Hoy se celebra San Valentín, una festividad amada y odiada a partes iguales. Para aquellos que tienen pareja, es probable que nuestra lista de regalos geek les sea útil. Pero estés o no soltero o soltera, seguro que alguna vez te has preguntando cómo surge el amor.


¿Es una cuestión de pura química? ¿A qué se debe el comportamiento, muchas veces estúpido, que seguimos cuando nos enamoramos? Y por contra, ¿qué explica que dejemos de sentir ese “flechazo” inicial? ¿Es cierto que el amor tiene fecha de caducidad? Hoy en ALT1040 repasamos sus bases científicas en el día de San Valentín.


El amor, algo más que una “imbecilidad transitoria”


El filósofo José Ortega y Gasset definió el enamoramiento como una situación de “imbecilidad transitoria”. Por fuerte que nos parezca esta definición, lo cierto es que debemos admitir que cuando nos fijamos en una persona, comenzamos a realizar cosas estúpidas (como celebrar San Valentín, pensarán algunos).


Cuando nos enamoramos, nuestro ritmo cardíaco aumenta


Empezamos a hablar de “él” o “ella” como si nada más existiera en el mundo, nuestro ritmo cardíaco se incrementa, se generan más glóbulos rojos para mejorar la oxigenación de nuestro organismo, en ocasiones dejamos de lado al resto de personas que tenemos al lado (familia o amigos), etc. Aunque muchas de estas reacciones son puramente fisiológicas, ¿qué desencadena este torrente de actividades que suceden en muchas ocasiones cuando nos enamoramos?


Algunos científicos definen al amor como pura química. Y seamos realistas (aunque estemos en San Valentín), razón no les falta. El comienzo de esa intensa enfermedad, por la que nos “obsesionamos” con alguien, no es más que una curiosa mezcla de reacciones bioquímicas. En cierta manera, el corazón nubla a la razón, condicionando nuestro comportamiento y voluntad.


No nos engañemos. Todos nos hemos enamorado alguna vez, y hemos hecho cosas estúpidas. Sí, todos hemos sido víctimas de esa “imbecilidad transitoria” de la que hablaba Ortega y Gasset. Las culpables son unas sustancias químicas que, actuando en la corteza del cerebro, desencadenan finalmente una serie de reacciones fisiológicas sobre nuestro organismo.


Del flechazo inicial al amor


Cuando conocemos a una persona que nos atrae, las primeras sustancias que empiezan a jugar con nosotros mismos se denominan feromonas. Y es que el “amor es ciego”, porque estas moléculas de bajo peso llegan a través de nuestras fosas nasales. Es decir, que el flechazo inicial es una cuestión “de narices”.


El amor es ciego: la primera atracción se determina por la nariz


Estas feromonas son sustancias que determinan si nos atrae o no una persona. Pero esta atracción inicial puede continuar o desvanecerse. Y la culpable de que se mantenga es la feniletilamina, que propicia antes del primer encuentro sexual esa sensación típica de “euforia” y “pasión” que sentimos cuando nos enamoramos.


El cerebro se turba gracias a la acción de esta sustancia, la vista deja de ser periférica para focalizarse, empezamos a escuchar sonidos internos y evitar el “ruido externo” e incluso, perdemos la coordinación de nuestros movimientos. Por suerte (o por desgracia), esta “imbecilidad transitoria” no dura eternamente, sino que nuestro organismo tiene que decidir si la persona en cuestión merece o no la pena.


Para ello, debemos devolver a nuestro cerebro a un “estado de calma”, y así equilibrar el caos momentáneo en el que se vio envuelto. En este punto entran a jugar otras nuevas sustancias químicas, las conocidas como endorfinas y encefalinas. En realidad se trata de opiáceos (sí, nuestro cerebro presenta “drogas naturales”), con las que nos teletransportamos a ese “mundo feliz”, donde nuestra sonrisa de enamorados es inconfundible.


Nuestro cerebro también se ve afectado por opiáceos, las drogas naturales del placer


Pero no hay amor sin atracción. O al menos eso piensa nuestro organismo, que también se ve sometido a la acción de determinadas hormonas, como la testosterona y los estrógenos, que favorecen el conocido deseo sexual. Otras sustancias, como la oxitocina o la vasopresina, también intervienen “estrechando nuestros lazos” con esa persona. La fidelidad no es más que una cuestión hormonal, aunque la demostremos con flores y bombones en este San Valentín.


Como vemos, el cóctel químico que se produce en nuestro cerebro y en el resto del organismo es realmente explosivo. La mezcla de sustancias que funcionan sobre nuestra mente y sistema endocrino explica el por qué de nuestros flechazos y el enamoramiento de “esa” persona. En un día como hoy, donde se celebra San Valentín, cabe recordar que el amor es eso, simplemente, pura química.