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SANTO DOMINGO. Aunque el territorio dominicano goza de abundantes recursos hídricos, posee elementos que amenazan su calidad en términos de distribución y acceso de agua potable por parte de la población.


Así lo estimó ayer la experta en clima y asesora del Instituto Dominicano de Desarrollo Integral (IDDI), Michela Izzo, durante su participación en la “Mesa de concertación para la adaptación del cambio climático del sector agua”.


La especialista insistió en que debe tomarse en cuenta una serie de aspectos para reducir sustancialmente la vulnerabilidad del sector agua ante el escenario de cambio climático.


Para Izzo el primer paso para lograrlo es la optimización de la eficiencia en la distribución, a través de la mejora de la calidad de los acueductos. En ese sentido, agregó que la población también debe colaborar, educándose sobre el uso eficiente de los recursos hídricos.


Potenciar el acceso a servicio de agua en zonas con “características climáticas particulares”, de acuerdo a la especialista, es necesario. Esto así, porque -dijo- no todo el territorio dominicano presenta condiciones climáticas que favorecen la presencia de recursos hídricos.


Alcantarillado y sequía


“Otro problema clave es la gestión de los alcantarillados. Hay un problema serio, por ejemplo en el caso del Gran Santo Domingo (…) es suficiente un solo aguacero para que las calles se vuelvan ríos, y eso afecta también el saneamiento y la salud de los ambientes”, destacó.


También se refirió a zonas de la parte Noroeste del país, como Montecristi, donde -explicó- la sequía es un factor limitante para que la población tenga acceso a agua potable.


Salinización afecta turismo


“Otro punto esencial es el problema de la salinización de capas freáticas, un problema que afecta enormemente la parte Este del país, y es un área de aprovechamiento turístico. La salinización de esas fuentes de agua está amenazando la actividad turística”, dijo.


Izzo indicó que lo viable para disminuir la vulnerabilidad en el sector agua es el manejo integral de las cuencas, y “pensar” en el ordenamiento territorial de la mano con la preservación de los ecosistemas de cuencas.


La idea es, refirió, que surja una política de aprovechamiento del territorio, coherente con el uso sostenible de los recursos hídricos.