muj_07935971XSmall_MyriamlafNo se puede planificar ni delinear un mapa del sufrimiento por la pérdida de un ser querido, aunque en algún momento se creyó que el dolor seguía un patrón fijo de cinco etapas.


Sin embargo, ahora se sabe que el sufrimiento es mucho más complicado. La Mayo Clinic nos habla sobre los sentimientos y síntomas físicos normales del sufrimiento, las maneras de lidiar con la situación y los indicativos de cuándo sería provechoso ofrecer ayuda profesional.


Los primeros días después de una gran pérdida, muchas personas dicen que se sienten entumecidas. A medida que esa sensación de entumecimiento se desvanece, la gente suele experimentar sentimientos más intensos y dolorosos.


Pueden surgir síntomas físicos, tales como malestar estomacal, pérdida del apetito, opresión en el pecho, problemas para dormir, agotamiento y dificultad para respirar.


Durante varias semanas y meses, posiblemente se produzcan olas de angustia que abarcan desasosiego, ansiedad e ira; pero con el transcurso del tiempo, este proceso normal se apacigua y empieza la aceptación.


Entre las alternativas para sobrellevar el sufrimiento están las siguientes:
Compartir la experiencia, puesto que puede ser útil hablar con un amigo cercano o con algún familiar.


Escribir sobre lo que uno siente, en una carta al ser querido perdido o mediante un diario, como una manera de compartir recuerdos gratos o lamentar lo que nunca se dijo.


Cuidar de uno mismo, porque la actividad física diaria, la alimentación sana y el tiempo invertido en amigos o placeres físicos como los baños de tina, los masajes y hasta las siestas, pueden aliviar la aflicción.


Los grupos de apoyo (tenemos uno en Vida y Salud, aquí), porque ese sentimiento de soledad disminuye cuando se comparte la experiencia dolorosa; además, el grupo puede ser una fuente de consejos prácticos.


No obstante, algunas personas pueden requerir ayuda profesional mientras atraviesan por el dolor. Cuando alguien no puede dejar de pensar en la muerte y sus circunstancias, es señal de que necesita ayuda experta.


El médico de cabecera es la primera persona a quien se debe recurrir. El tratamiento podría incluir la administración de medicamentos para mejorar el sueño y aliviar la ansiedad, o referir al paciente a un consejero o terapeuta.