elcaTras décadas de discusiones y propuestas, las naciones caribeñas cerraron filas para exigir reparaciones económicas y morales a las antiguas metrópolis por la esclavitud, el genocidio de los pueblos autóctonos y las prácticas colonialistas a que fueron sometidas.


La piedra angular de esa estrategia fue puesta durante la XXXIV cumbre de la Comunidad del Caribe (Caricom), celebrada del 3 al 6 de julio último en Trinidad y Tobago, donde se dio luz verde a la formación de un grupo regional de reparaciones, supervisado por los primeros ministros y presidentes del área.


Esa nueva institución tendrá la tarea de coordinar las comisiones nacionales de cada Estado.


El siguiente paso será una reunión en San Vicente y las Granadinas, en la primera semana de septiembre, donde varios gobernantes del área dialogarán con abogados e historiadores para trazar una estrategia común.


El primer ministro de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves, adelantó que asistirán a la cita los presidentes de Haití, Michel Martelly; de Guyana, Donald Ramotar, y de Surinam, Dési Bouterse.


También participará la jefa de gobierno de Trinidad y Tobago, Kamla Persad Bissessar. El legado de la esclavitud incluye la pobreza endémica y la falta de desarrollo que caracterizan a la mayor parte de la región. Cualquier acuerdo deberá incluir una disculpa formal, pero que el remordimiento por sí mismo no será suficiente, expresó Gonsalves.


Por tal motivo, la Caricom contrató a la firma británica Leigh Day & Co. Recientemente ese bufete ganó una querella que obligó a Londres a pagar más de 20 millones de dólares de compensación a cientos de kenianos torturados durante su lucha por la liberación del país, durante la llamada rebelión de los Mau Mau, entre 1952 y 1960.


Nuestro primer paso será buscar un arreglo negociado con los gobiernos de Francia, Reino Unido y los Países Bajos para intentar resolver el tema amigablemente, expresó el abogado Martyn Day.


Sin embargo, David Fitton, Alto Comisionado británico ante Jamaica, dejó en claro la postura de su Gobierno al negar que ese fallo fuera un antecedente. “No pensamos que el asunto de compensaciones es el camino correcto para atender estas cuestiones. No es la forma correcta de atender un problema histórico”, consideró.


Aunque no hay datos oficiales, se estima que más de 12 millones de africanos fueron arrancados de su continente y trasladados al hemisferio occidental para trabajar como esclavos.


Sin embargo, una parte significativa de esas personas no alcanzó a ver su destino pues murieron en la travesía, debido a las malas condiciones higiénicas, de alimentación y al hacinamiento en las bodegas de los barcos.


Aunque las naciones caribeñas no presentaron una reclamación monetaria concreta, medios de prensa regionales parten de la compensación otorgada por Reino Unido a los propietarios de las plantaciones caribeñas tras la emancipación de los esclavos en 1834.


En esa fecha Londres pagó a los colonos unos 20 millones de libras esterlinas, unos 200 mil millones de dólares actuales.


Según Armand Zunder, presidente del Comité Nacional de Reparaciones de Surinam, sólo los Países Bajos obtuvieron durante la ocupación de esa nación unos 125 mil millones de euros.


Tampoco hay consenso sobre el destino del dinero aportado, pero Gonsalves llamó a crear con las indemnizaciones un fondo para el desarrollo económico y social del área. Los querellantes tienen grandes esperanzas de ganar el caso, dado varios antecedentes similares.


En 2008 las autoridades del estado australiano de Tasmania entregaron 4,3 millones de dólares a 106 víctimas de la llamada “generación robada”, integrada por 100 mil niños y jóvenes aborígenes separados a la fuerza de sus familias entre 1910 y 1970.


Dos años después pueblos nativos estadounidenses también recibieron compensaciones y a finales de 2012 el Gobierno alemán acordó incrementar los recursos monetarios para los sobrevivientes del Holocausto.


Es necesario que Europa dialogue con nosotros para garantizar que este crimen nunca vuelva a ocurrir y se repare el daño causado. Existe una relación entre la pobreza y la explotación cometida por las ex metrópolis, aseguró la presidente de la Comisión Nacional de Reparación de Jamaica, Verene Shepherd.


“Antes que nada, queremos que Europa se disculpe, pues hasta ahora han emitido declaraciones de arrepentimiento, pero ningún país se ha disculpado”, comentó.


La también historiadora considera que los beneficios derivados de la participación de Reino Unido en el tráfico transatlántico de africanos continúan enriqueciendo a esa nación.


A este movimiento reivindicativo se han sumado numerosos grupos sociales de la región, así como personalidades políticas, religiosas y académicas como Hilary Beckles, vicerrectora de la Universidad de las Indias Occidentales.


Beckles es autora del libro “La deuda negra de Gran Bretaña: las reparaciones debidas al Caribe por la esclavitud y el genocidio indígena”. Algunas voces ya advirtieron de la campaña de las ex metrópolis contra las naciones caribeñas por su decisión.


Los gobiernos europeos van a intentar acorralar a nuestros líderes caribeños o incluso presionar para que abandonen la idea, aseguró Kafra Kambon, presidente del Comité de Apoyo a la Emancipación en Trinidad y Tobago.


“Tenemos que darle fuerza a esa reclamación de reparaciones” porque el tráfico de esclavos es un “crimen en masa que va más allá de la imaginación humana”.


En una muestra de unidad, las pequeñas naciones caribeñas exigen justicia por la explotación a que fueron sometidos sus habitantes durante siglos, una situación que crea precedentes para otras regiones del mundo.


Periodista de la redacción Centroamérica y Caribe de Prensa Latina.