fueroEDITORIAL LISTIN DIARIO.- La Universidad Autónoma de Santo Domingo es, desde hace décadas, la única institución pública que cuenta con el excepcional privilegio del fuero, que la hace impenetrable hasta para los organismos encargados de velar por el orden público y la seguridad nacional.


Mediante ese fuero, ni la Policía ni ninguna otra institución armada puede penetrar al campus salvo que medie una petición expresa y formal del Consejo Universitario. Todo parece indicar que los únicos que pueden entrar armados, usar sus armas y guardarlas en ese recinto son los delincuentes que han encontrado allí el mayor santuario para el escondite y la impunidad.


En pocas palabras, son los que más se benefician del fuero, inclusive más que la misma universidad, que en estos tiempos opera en un ambiente radicalmente diferente al de los años del movimiento renovador, cuando el fuero constituía un muro de contención a las arbitrariedades que, como rémoras de la dictadura, podrían perpetrarse contra ella. Antes, para esos tiempos, ni siquiera los policías o militares podían estudiar en sus facultades. Ahora sí pueden hacerlo, sin temor. Un cambio radical y positivo, sin dudas.


A propósito del asesinato del coronel policial Julián Suárez Cordero en su recinto, en medio de una atmósfera de disturbios, ha vuelto a relucir el tema de si el fuero es necesario, útil y práctico, como lo era antes, o si  ha devenido en la mejor garantía de protección para todo aquel que, sabiéndose fuera del alcance de las autoridades del orden público, se refugia y opera desde allí bajo el disfraz estudiantil. Una situación insólita, pues sería el único pedazo del territorio nacional vedado a la acción de la fuerza pública, pero no así para los que delinquen.