Finalmente, las autoridades de Arabia Saudí ejecutaron a los siete jóvenes condenados a muerte por cometer una serie de robos en 2005, pero no realizaron la crucifixión del líder del grupo, como estaba previsto.


Así, hicieron caso omiso de las peticiones de organizaciones de Derechos Humanos y los familiares de los detenidos, que abogaban por su vida, además de la presión internacional que había logrado atrasar esta acción.


La semana pasada, la familia real saudí dio a entender que se iba a revisar el bullado juicio que les condenó a la pena capital y, a uno de ellos, a la crucifixión. Pero la tarde del martes vieron cómo se levantaron los siete patíbulos en la plaza del mercado de Abha y entendieron que la ejecución era inminente.


Los jóvenes fueron acusados y detenidos por cometer una serie de atracos a mano armada cuando la mayoría de ellos eran menores de edad.


Amnistía Internacional y Human Rights Wacht denunciaron irregularidades en el juicio, en el que fueron coaccionados para declararse culpables. Según señalaron, los chicos fueron detenidos y permanecieron tres años encarcelados, siendo torturados, pasando hambre y sin ser sometidos a juicio.


En los últimos años se han llevado a cabo una media de ochenta ejecuciones en Arabia Saudí. En lo que va de 2013, ya se han computado 17 casos.