Nasry Asfura juró este lunes como presidente de Honduras en una ceremonia inédita y austera realizada en la sede del Congreso Nacional, en Tegucigalpa, rompiendo con la tradición de celebrar la investidura en un estadio deportivo ante miles de simpatizantes.
La llegada de Asfura al poder se produce tras unas elecciones celebradas el pasado 30 de noviembre, cuyos resultados fueron sumamente cerrados. El ahora mandatario ganó por un margen inferior al 1 %, equivalente a unos 20,000 votos, en medio de denuncias de fraude, impugnaciones y un clima de alta polarización política que marcó todo el proceso electoral.
Asfura, de 67 años y de ascendencia palestina, asumió la presidencia en un contexto complejo, tanto a nivel interno como regional. Analistas destacan que contó con el respaldo explícito del expresidente estadounidense Donald Trump pocos días antes de los comicios, un apoyo que consideran clave para inclinar la balanza a su favor en una contienda tan ajustada.
En su discurso de toma de posesión, el nuevo jefe de Estado prometió ofrecer “soluciones reales” a los principales problemas del país y trabajar de manera prioritaria en áreas críticas como la salud, la educación, la seguridad y el empleo. Asimismo, anunció que impulsará proyectos de infraestructura como parte de su plan para dinamizar la economía y mejorar la calidad de vida de la población.
Uno de los ejes centrales de su gobierno será el fortalecimiento de la relación con la diáspora hondureña en Estados Unidos, donde residen casi dos millones de connacionales. Asfura adelantó que su administración marcará un giro hacia la derecha con un acercamiento estrecho a Washington, reconociendo la importancia estratégica de las remesas, que el año pasado superaron los 12,000 millones de dólares y representan cerca de una cuarta parte del Producto Interno Bruto (PIB) de Honduras.
En términos de gobernabilidad, el presidente inicia su mandato con una posición relativamente sólida en el Congreso Nacional, donde cuenta con la mayoría del Partido Nacional y el respaldo de diputados del Partido Liberal, lo que le permitiría avanzar con mayor facilidad en la aprobación de su agenda legislativa.
La investidura de Nasry Asfura abre una nueva etapa política en Honduras, marcada por expectativas de cambio, cuestionamientos sobre la legitimidad del proceso electoral y el desafío de gobernar un país profundamente dividido, con altos niveles de pobreza, migración e inseguridad.