Las declaraciones del numerólogo Cristian Casablanca emitidas desde su programa generaron una fuerte controversia en redes sociales y espacios mediáticos. En su intervención, el comunicador realizó generalizaciones ofensivas sobre las mujeres en la República Dominicana, vinculándolas con prácticas de prostitución, infidelidad sistemática y burla hacia los hombres. Sus afirmaciones, presentadas sin evidencia verificable, fueron difundidas como una explicación social de conflictos de pareja y de episodios de violencia, lo que encendió alarmas por el impacto que ese enfoque puede tener en la opinión pública.
Especialistas en comunicación y género advirtieron que el discurso incurre en estigmatización y desinformación. Señalan que atribuir conductas criminales o violentas a supuestos “patrones” femeninos no solo carece de sustento empírico, sino que desplaza la responsabilidad individual y normaliza narrativas que culpabilizan a las víctimas. Organizaciones civiles recordaron que la violencia responde a múltiples factores —sociales, económicos, culturales y psicológicos— y que simplificarla mediante acusaciones colectivas agrava el problema al reforzar prejuicios y hostilidad entre géneros.
El caso reabre el debate sobre los límites del discurso público y la responsabilidad de quienes tienen plataformas masivas. Diversas voces pidieron a los medios aplicar criterios editoriales más rigurosos, promover contrastes con datos oficiales y dar espacio a enfoques basados en derechos humanos. Mientras tanto, la reacción ciudadana evidencia una demanda creciente por análisis serios y respetuosos que contribuyan a comprender la realidad social sin recurrir a insultos ni generalizaciones. En un contexto donde la conversación pública influye en conductas y percepciones, el episodio subraya la necesidad de información responsable y de un debate que aporte soluciones, no polarización.